El Museo Thyssen-Bornemisza presenta Bulgari y Roma, una exposición sobre cómo la arquitectura y el arte de la Roma antigua y moderna han servido de inspiración a los diseñadores de la firma italiana de joyería a lo largo de su historia. Con un cuidadoso montaje que incluye elementos interactivos, Bulgari y Roma, comisariada por Lucia Boscaini, permite realizar un viaje por los más de 130 años de historia de la firma, desde los adornos y accesorios. Hasta el 26 de febrero de 2017 en Museo Thyssen-Bornemisza de Madrid.

Fundada en Roma en 1884, Bulgari ha incorporado desde sus orígenes los rasgos más característicos de la ciudad como hilo conductor, simbólico y artístico de sus creaciones. El Coliseo, la plaza de San Pedro, la escalinata de la plaza de España, las fuentes de Piazza Navona o el Panteón han dado forma durante décadas a collares, pulseras, pendientes y broches realizados en oro o platino y piedras preciosas de múltiples colores: gemas en talla cabujón que recrean las características cúpulas del paisaje romano, diseños geométricos reflejo de las líneas puras de las ruinas o el brillo del oro que recuerda a las volutas del Barroco son algunos de los detalles que revelan el homenaje de Bulgari a la Ciudad Eterna.

Descendiente de una familia griega de orfebres, Sotirio Bulgari, fundador de la firma, viajó a Italia a finales del siglo XIX y ya en 1884 abrió su primera tienda en Roma. En 1905 inauguró la actual sede de la casa, en el número 10 de Via Condotti, donde años después terminó por concentrar toda su actividad. De sus seis hijos, Giorgio y Constantino fueron los que más se involucraron en el negocio, haciéndose cargo de él tras su fallecimiento, en 1932. Dos años más tarde reinauguraron la tienda tras una gran reforma y cambiaron definitivamente el nombre a BVLGARI, en mayúsculas y con la tipografía de las inscripciones de la antigua Roma. Los dos hermanos optaron entonces por alejarse de la escuela francesa de joyería predominante en aquella época y caracterizada por el uso del platino y los diamantes dispuestos en diseños geométricos- y comenzaron a unir los diamantes con piedras preciosas de distintos colores y de talla cabujón, toda una revolución en el diseño de joyas. El período de posguerra supuso un resurgir comercial que favoreció la experimentación estilística de Bulgari, sobre todo en cuanto al uso del color, y en los años cincuenta comenzaron a introducirse combinaciones cromáticas sin precedente, que serían cada vez más atrevidas en las décadas posteriores. Con el auge de la dolce vita romana, la firma se dio a conocer entre actrices y protagonistas de la jet set italiana e internacional, lo que llevó el nombre de la marca por todo el mundo. Cuando fallecieron Giorgio y Constantino en 1966 y 1973 respectivamente, los hijos de Giorgio, Paolo y Nicola, ya formaban parte de la empresa y dirigían activamente el negocio y su producción creativa. La década de 1970 significó la primera fase de la expansión internacional de la casa, con la apertura de tiendas en Nueva York, Ginebra, París y Montecarlo. En 2011, Bulgari se unió al grupo de lujo LVMH (Louis Vuitton Moët Hennesy).

Coincidiendo con la celebración de su 125 aniversario, en 2009, comenzó la organización de  diversas exposiciones retrospectivas que han llevado las creaciones de Bulgari por ciudades como Roma, París, Pekín, Tokio o Shanghái, aunque es en Madrid donde se muestra por primera vez la estrecha vinculación de sus diseños con el arte y la arquitectura de Roma, una relación que llevó también a la firma a financiar en 2014, año de su 130 aniversario, la restauración de la emblemática escalinata de la plaza de España, recientemente inaugurada.

Para poner de manifiesto esta estrecha vinculación, la muestra reúne más de 140 piezas de joyería de la Colección Heritage de Bulgari -entre las que se encuentran piezas que pertenecieron a Elizabeth Taylor y a Anna Magnani- y de algunas colecciones particulares, como la de la Baronesa Thyssen, junto a una treintena de pinturas, dibujos, esculturas y fotografías de diversos artistas europeos que han inmortalizado la ciudad de Roma en su obra, como Canaletto, Gaspar van Wittel, Ippolito Caffi o Arthur John Strutt. Estas obras proceden en su mayoría del Museo de Roma (Palazzo Braschi), pero también de la Galería Borghese, de los Museos Capitolinos y de las colecciones del Banco Intesa San Paolo y del Círculo de la Caza.

Con sus impresionantes vestigios del Imperio Romano, sus amplias plazas, su imponente arquitectura barroca con sus innumerables fuentes y sus magníficas basílicas, la ciudad de Roma ha sido fuente de inspiración para artistas e intelectuales de todos los tiempos. Las creaciones de Bulgari, en palabras del nieto de su fundador, Paolo Bulgari, “son un recorrido por las obras maestras italianas en las que se inspiran”.

Un recorrido que empieza por uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad, retratado por numerosos artistas y cuya inconfundible forma ovalada acabará convirtiéndose en una de las señas de identidad del diseño Bulgari: el Coliseo. Lo vemos ya en un brazalete de 1934 que combina diamantes con piedras de un solo color, el rojo de los rubíes. Se trata de una joya que mantiene el estilo geométrico y art déco predominante en las primeras décadas del siglo XX, pero que muestra un uso temprano de la talla cabujón, que confiere a la piedra una forma redondeada; una técnica revolucionaria en aquel momento, que iría posteriormente desarrollándose hasta convertirse en la principal y más apreciada del estilo Bulgari.

La elíptica fue también una de las formas predilectas de los grandes arquitectos del Barroco italiano para dar movimiento a construcciones y espacios urbanos, desplazando progresivamente a la clásica forma circular. La columnata y la plaza de San Pedro, diseñadas por Bernini como un inmenso lugar de acogida en el que las columnas envolvían y guiaban a los peregrinos hasta la iglesia, dio origen a una serie de broches en la década de 1930, todavía de influencia art déco pero con piedras redondeadas que realzan su  diseño arquitectónico. Más tarde, en las décadas de 1970 y 1980, la firma volvió a emplear el óvalo en piezas realizadas en oro combinado con diversas piedras preciosas.

Otra de las más emblemáticas plazas de Roma es, sin duda, la Piazza Navona. Ubicada en el antiguo emplazamiento del estadio de Domiciano (siglo I d.C.), la belleza barroca de este espacio se reproduce en la forma alargada de un broche de 1934, en el que destacan tres diamantes de grandes dimensiones, con una disposición similar a las famosas fuentes que adornan la plaza: la de los Cuatro Ríos en el centro, diseñada por Bernini, flanqueada a ambos lados por las fuentes del Moro y de Neptuno.

Lorenzo Bernini fue también el primero en proponer un diseño cóncavo y convexo para la pared de la doble escalinata de la plaza de España, aunque el proyecto final lo llevaría a cabo más adelante otro arquitecto. Las líneas curvas de esta famosa escalera, recientemente restaurada gracias al patrocinio de Bulgari, inspiraron la creación en 1938 de un collar de platino y diamantes que puede transformarse en dos pulseras, dos broches alargados y otros dos más pequeños, típico ejemplo de la joyería convertible de la década de 1930. En 2016, una nueva joya recoge la inspiración de la escalinata: un collar en oro con esmeraldas, rubíes, zafiros y diamantes que evocan las azaleas que la decoran en primavera.

Desde la antigua Roma hasta el Barroco, la forma octogonal está presente en numerosos monumentos romanos, sobre todo en los artesonados de los palazzi. El interés de Bulgari por las formas geométricas convirtió al octógono en el marco ideal para los colgantes de grandes dimensiones de la década de 1970, normalmente iluminados por una gran gema central, que podían lucirse de forma independiente como broches o junto a collares de largas cadenas. Un magnífico ejemplo es el collar de platino con zafiros y diamantes que perteneció a Elizabeth Taylor, regalo de Richard Burton en 1972 por su 40 cumpleaños. Por su parte, la decoración de la espectacular cúpula del Panteón ha inspirado la creación de varias piezas, como un collar en oro y diamantes de 1992 que recuerda esta característica geometría, con sus filas de diamantes en talla baguette.

La inmensa estrella circular que decora el pavimento de la plaza del Campidoglio se finalizó en 1940, a pesar de tratarse de un proyecto original de Miguel Ángel que empezó a construirse en el siglo XVI. Este característico diseño se reinterpretó en 1955 en una pareja de broches de platino, rubíes y diamantes que pertenecieron a Anna Magnani, quien solía lucirlos junto con los pendientes “Tridente”, reafirmando de esta manera sus raíces romanas.

"Parentesi" necklace in gold with diamonds, ca 1982. Formed of 20 parentesi elements spaced alternately with plain and pave-set diamond panels decorated with brilliant-cut stones. Marks: on the security catch: "BVLGARI" engraved; on the reverse of the clasp: lozenge with "750"; mark (illegible) possibly for the Crescenzi workshop; numbered "BA 134".

Ingrid Bergman, "The Visit", 1963

relojserpenti

Choker in gold with rubies, sapphires, lapis lazuli and diamonds, ca 1979. Designed as three rows, each of ten oval elements each set at the centre with a cabochon ruby in a surround of brilliant-cut diamonds and lapis lazuli spaced by small cabochon sapphires. Marks: on the rim of the clasp, on one side: "BVLGARI" stamped; on the reverse of the clasp: numbered "1690".