El lunes 3 de abril, el Museo Thyssen-Bornemisza presenta a los medios de comunicación Rafael Moneo. Una reflexión teórica desde la profesión. Materiales de archivo (1961-2016), la primera gran retrospectiva dedicada al arquitecto español. Comisariada por Francisco González de Canales, profesor de la Universidad de Sevilla y de la Architectural Association de Londres, y coproducida por la Fundación Barrié, el Estudio Rafael Moneo y el Museo Thyssen, la exposición reúne una selección de 121 dibujos, 19 maquetas y 152 fotografías de un total de 52 proyectos emblemáticos del arquitecto. Además, coincidiendo con el 25 aniversario del Museo, la muestra cuenta con una pequeña exposición, comisariada por el arquitecto José Manuel Barbeito, que recoge la historia del Palacio Villahermosa desde mediados del siglo XVIII hasta su transformación, en 1992, para convertirse en el Museo Thyssen-Bornemisza.

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Nace en Tudela (Navarra), en 1937. Su impresionante carrera se inicia al poco tiempo de su licenciatura, en 1961, ganando el Premio Nacional de Arquitectura, junto a Fernando Higueras, por el Museo de Restauraciones Artísticas de Madrid. Posteriormente fue galardonado con algunos de los premios más importantes del mundo, como el Pritzker y el Mies van der Rohe, la Medalla de Oro de las Bellas Artes (1992), Premio Príncipe de Viana de la Cultura (1993), Medalla de Oro de Arquitectura (2006), Premio Príncipe de Asturias de las Artes (2012) y el  Premio Nacional de Arquitectura (2015). Moneo ha desarrollado una intensa labor docente tanto en Madrid como en Barcelona y fuera en Princeton y Harvard. Algunos de sus proyectos más emblemáticos son la renovación de la Estación de Atocha de Madrid, la ampliación del Museo Thyssen y del Museo del Prado, el Kursaal de San Sebastián, y el Museo de Arte Romano de Mérida. La exposición es la primera gran retrospectiva dedicada a su carrera y está coproducida por la Fundación Barrié, el Estudio Rafael Moneo y el Museo Thyssen.

Amor por el dibujo

Moneo siempre ha ensalzado la labor que el dibujo juega en la actividad del arquitecto, por eso esta muestra recoge algunos de ellos. No todos los arquitectos han sido buenos dibujantes pero Moneo sí lo es. EL dibujo, a pesar de las nuevas tecnologías siempre ha sido su acompañante predilecto y en donde ha iniciado y desarrollado sus obras, como el compositor que traza el camino sinfónico a seguir a través del piano. El dibujo como intermediario y como bastón, desde el Renacimiento hasta que aparecieron los primeros programas informáticos. Todos los críticos de la arquitectura coinciden en señalar que la arquitectura de Rafael Moneo es la geometricidad, la responsabilidad de los contextos con que se maneja (geográficos, sociales, históricos, ecológicos) y el buen uso y elección de los materiales. Para el navarro la función del arquitecto es la de crear pero también la de solucionar problemas y aportar alternativas arquitectónicas para rehabilitar los contextos fronterizos y urbanísticos que se confrontan con la construcción que se acomete. Hace suyo el axioma de la arqueología moderna: “Para disfrutar del yacimiento hay que conocer perfectamente el territorio circundante”.

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Especialista en Museos

A pesar de tratarse de una tipología relativamente reciente, el museo ha adquirido un papel más que relevante en la ciudad contemporánea. En muchos casos funcionan como verdaderos iconos que dotan de identidad a los entornos urbanos. Estamos ante uno de los mejores arquitectos de museos y auditorios. Han transitado por toda su carrera, especialmente desde el maravilloso museo romano de Mérida.  Pero la crítica no ha estado exenta como en la polémica ampliación del Prado en el que se vio obligado a retocar el proyecto por recibir innumerables presiones. Al final el trabajo le resultó satisfactorio a pesar de las dificultades que tuvo.

Un hito en su carrera: el Museo Nacional de Arte Romano de Mérida, 1980-1985

La arquitecta e investigadora Ana Esteban Maluenda en uno de los mejores trabajos de estudio sobre la obra museística de Moneo, explica perfectamente la intención del museo: “desde el principio, Moneo tuvo la voluntad de rememorar y evocar en el Museo el pasado romano de la ciudad, pero sin caer en la estricta imitación de su arquitectura. No se trataba de reproducir al pie de la letra los órdenes y elementos clásicos, sino de utilizar el sistema tradicional de construcción romano —el hormigón entre fábrica de ladrillo para la formación de muros— como motivo fundamental de la organización de todo un sistema dimensional en el que los intervalos, las proporciones o los huecos se convirtiesen en elementos claves para la definición del proyecto. Además, se pretendía que el edificio actuase a modo de umbral al espectáculo que brinda el espléndido conjunto de ruinas romanas de Mérida”. Los que conocen Mérida saben la importancia que tiene la luz, las piedras, los colores ocres en ese evocador entorno de las vegas extremeñas.

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Un Moneo triunfador recibe dos nuevos encargos museísticos: la remodelación del Palacio de Villahermosa de Madrid para albergar la colección Thyssen-Bornemisza (1989-1992) y la construcción de un nuevo centro cultural y expositivo asociado al Jewett Art Center (1955-1958) del Wellesley College. El mismo año Rafael Moneo gana el concurso para la construcción de los Museos de Arte Moderno y Arquitectura en la ciudad de Estocolmo. Se trataba de una competición abierta a los arquitectos suecos y a la que fueron invitados a participar cinco arquitectos extranjeros de reconocido prestigio entre los que seleccionaron a Moneo.

El Museo de Arte Moderno se desarrolla en paralelo al Tyghuset —que con sus 200 metros de longitud constituye una de las mayores construcciones de la Armada levantadas sobre la isla— no sólo buscando solucionar los particulares requisitos funcionales del museo, sino también como reconocimiento a la importancia que tenía en la isla un edificio tan singular. Además, la propuesta es discontinua y quebrada, como Skeppsholmen o la propia Estocolmo, donde la arquitectura no tiene más remedio que adaptarse a las discontinuidades geográficas que suponen la colonización contra naturam de las catorce islas que conforman la ciudad.  El resultado es un milagro de luz y maravillosas vistas panorámicas. En palabras de Ana Esteban Maluenda “el edificio se apropia de su entorno y lo incorpora a la propia función expositiva del museo”.

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Moneo fue seleccionado entre 30 arquitectos por la comisión del Museo de Bellas Artes de Houston para diseñar el Edificio Audrey Jones Beck. Entre los treinta arquitectos que fueron considerados para llevarlo entre los que figuraban nombres como Tadao Ando,  Norman Foster o Frank Gehry, que ya habían sido laureados con el Premio Pritzker de Arquitectura, Moneo es elegido “por el entendimiento de la armoniosa relación que debería darse entre el edificio y la variedad de obras de arte históricas a exponer, así como en su experiencia y exitosa trayectoria en el diseño de museos”

Para la profesora Esteban Maluenda, la importancia que concede Moneo a los condicionantes iniciales de partida es decisiva. El propio arquitecto lo explica diciendo: «Obviamente, el contexto arquitectónico es un factor decisivo para un proyecto. Pero aquí quisiera insistir en que no entiendo el proyecto como algo que completa o como una mera continuación de lo que está presente. Lo que realmente genera un proyecto es la idea que opera sobre el contexto, social o material, de una forma específica, pero que no es una simple consecuencia de lo existente.»

Son algunos de los rasgos más marcados del propio arquitecto: una claridad de ideas y un rigor en el análisis de las situaciones a las que se enfrenta, que potencia con la perseverancia de la que ha hecho gala a lo largo de toda su trayectoria.