El Museo del Prado en Madrid es la más importante pinacoteca del mundo, así como uno de los más visitados (decimoquinto en 2014 entre los museos de arte). La gran diferencia respecto a los demás es su indudable riqueza y variedad en pintura europea de los siglos XVI al XIX, y su principal atractivo radica en la presencia de los mejores cuadros y colecciones de Velázquez, El Greco, Goya, Tiziano, Rubens y El Bosco. Es indudable que representa lo mejor y más representativo de la cultura española y de su historia. En datos oficiales, el inventario de bienes artísiticos del Museo a principios de 2013 comprendía casi 30.000 objetos, con casi 8000 pinturas, 5500 grabados y 1000 esculturas, entre otras piezas.

Como pasa con los otros grandes museos europeos el Prado debe su origen a la afición coleccionista de las dinastías gobernantes a lo largo de los siglos. Un museo que recoge una extensa colección hecha al gusto de unos pocos aficionados al arte, que poco a poco se ha ido enriqueciendo y completando con aportaciones posteriores. Las escuelas pictóricas española, flamenca e italiana son las más importantes, seguidas por el fondo francés y alemán. Con alguna muestra más residual de la pintura británica. Muchos expertos consideran que sus colecciones son admiradas por pintores de sucesivas generaciones que las han tomado como fuente inagotable de enseñanzas e influencias. Desde los españoles como Picasso, Saura, Canogar, Chillida, Úrculo, etcétera, a los europeos Manet, Renoir, Matisse, Bacon, o Klein entre otros. El propio Saura llegó a decir que el Prado no era el más extenso pero sí el más intenso”.

Hace tres años, 24 artistas españoles contemporáneos reinterpretaron obras expuestas en el Museo del Prado. Rodero, Barceló, Chillida, Saura, Arroyo, Gordillo, García Rodero, entre otros, dejaron patente en Barcelona la relación íntima que han mantenido o mantienen en algún momento de su vida con el Museo del Prado y las enseñanzas pictóricas que allí se encuentran. La meta era romper las barreras entre lo clásico y lo moderno. “Lloré de emoción cuando hice estas obras, confiesa Ouka Leele, participante en la exposición del 2013. Los buenos artistas no solo aman y buscan las mismas cosas, sino que se retroalimentan y se necesitan para desarrollar su universo artístico. Utilizan una sintaxis común para luego abandonarla que es cuando precisamente se pone de manifiesto su profunda influencia latente que queda inmarcesible en su obra. Es la manifestación evidente de la inexistencia de fronteras entre el ayer y el hoy, los artistas se entienden entre sí por que utilizan una misma sintaxis, un mismo lenguaje. Los más reinventados en esa exposición fueron Goya y Velázquez.

Para Javier Barón, conservador jefe de pintura del siglo XIX del Museo del Prado, la influencia que los clásicos ejercen sobre toda la pintura moderna española es absoluta, especialmente El Greco. Su intenso influjo en las vanguardias se hace presente en autores como Kokoschka, Beckmann, Matta, Pollock, Bacon, Giacometti, entre los artistas foráneos. Se trata de una fascinación constante que en algunos casos nos permite comprender toda la obra de un autor o de toda una generación, tal y como sucede con las sucesivas generaciones literarias que van enriqueciendo discursos y narrativas. Para Barón, el Laoconte de El Greco fue la obra de referencia para muchos artistas del expresionismo, especialmente el centroeuropeo, quizá porque dicha obra estuvo expuesta en Múnich en los años anteriores a la primera Guerra Mundial. Por lo tanto, observamos como la proximidad de un lugar que acoge una obra maestra puede condicionar e influenciar a todos aquellos artistas que la frecuentan. Barón afirma que “los artistas españoles conocieron al Greco a lo largo del siglo XIX. A partir de su última década, para Regoyos, Rusiñol, Zuloaga y Picasso, fue un artista especialmente sugestivo, en el ámbito de la pintura que va del simbolismo al cubismo. La gran influencia internacional ocurre en los años anteriores a la Primera Guerra Mundial. Por entonces, en los países germánicos el Greco fue una inspiración decisiva en la pintura expresionista”.

Laooconte El Greco Millennialsart

En todas las exposiciones, es muy importante el modo de presentar las obras. La distancia espacial entre unas y otras es una especie de eco de la distancia cronológica y estilística. En eso El Prado es un museo intenso, tal y como lo definía Saura, en donde un espíritu de tradición e incluso de subordinación estilística recorre a todo aquel que contempla las colecciones. Sin duda se trata una fascinación inagotable e intergeneracional.

Para la investigadora María Dolores Jiménez-Blanco, “el arte del siglo XX ha sido caracterizado tópicamente, entre otras cosas, por una épica de ruptura frente al pasado”. Para Jiménez-Blanco, “en los museos en general, como instituciones públicas al servicio de la democratización de la cultura desde la Ilustración, los artistas han venido encontrando aquello que, como ejemplo de ex­celencia, había sobrevivido a los gustos de sucesivas generaciones. Los pin­tores, escultores y grabadores del siglo XX, aunque comparativamente menos dependientes de los lenguajes e iconografías del pasado que sus predecesores, no han sido una excepción en este sentido. En el conjunto de los museos del mundo occidental, el caso del Museo del Prado ha cobrado para los artistas del siglo XX un especial interés”. Lejos de ser un compendio enciclopédico de obras de escuelas y artistas indiscriminados, la colección del Museo del Prado resulta particularmente atractiva a los artistas del siglo XX por su excentricidad. La colección del Museo ha sido capaz de dar lugar a lo que ha venido a considerarse un legado diferencial, vertebrando una «escuela española» con características propias. “Sus más emblemáticos representantes, El Greco, Velázquez y Goya, han sido contemplados desde esta óptica como respetables heterodoxos, como precursores de un audaz despego frente a aquella norma que había regido la historia del arte moderno europeo. Esta visión ha dado un poderoso significado al Museo, apareciendo como especialmente atractivo ante un siglo que ha hecho de la libertad uno de sus objetivos fundamentales”, afirma con absoluto acierto la investigadora.

Quizá por ello los cuadros de El Prado han sabido responder a las diferentes necesidades de los artistas del siglo XX. Es el caso de Francisco de Goya, considerado como uno de los pintores que originan el temperamento del artista moderno.

En cuanto a la figura de Velázquez, unánimemente considerada por los pintores como símbolo de calidad y magisterio, adquiere también en el pasado siglo una agigantada ­dimensión por considerarse el mejor ejemplo de afirmación de la identidad de la pintura como territorio autónomo y del lugar del artista en el mundo.

La sombra del Museo del Prado sobre el arte del siglo XX se cierne inmensa sobre los artistas influidos o inspirados por el Museo. Incluso algunas obras emblemáticas se han convertido en iconos mediáticos, en medios de comunicación de masas, publicidad o diseño industrial, en gran medida identificadas con lo más genuino del legado cultural español. Para Jiménez-Blanco, “tampoco puede omitirse aquí, al hilo de esa identificación entre el Prado y la identidad cultural española, el especial significado que las colecciones del Museo han adquirido para algunos artistas que, forzados por su posicionamiento político o por alguna otra circunstancia, han debido recordarlas desde el exilio”. Incluso la influencia en otras disciplinas artísticas del XX se hacen evidentes, especialmente en lo visual como el cine o el documental. También en el género literario y editorial se hace presente dicha influencia.

Inocencio X Bacon y Velázquez Millennialsart

Uno de los más lúcidos artistas del grupo El Paso, Antonio Saura, analizó la continua presencia del arte de Goya en el mundo de la creación a lo largo de todo el siglo XX enfatizando el carácter libre y comprometido de su obra. Los nombres mencionados por Saura muestran la amplitud de esta influencia, tanto geográfica y cronológica como estilística. Entre los nombrados destacamos a Francis Bacon, Georg Baselitz, ­Salvador Dalí, Honoré Daumier, Otto Dix, ­Gustave Doré, Jean Dubuffet, James Ensor, Max Ernst, Alberto Giacometti, , Julio González, Luis Gor­dillo, Paul Klee, Willem de Kooning, Joan Miró, Robert Motherwell, Edvard Munch, Pablo Picasso, Jackson Pollock y Antoni Tàpies. El mismo Saura, uno de los artistas decisivos del arte español de la segunda mitad del siglo XX, ha mostrado a través de su propia obra un profundo interés por la obra de Goya. Pero si hay un cuadro del Museo del Prado que ha suscitado la atracción de Antonio Saura, ése ha sido Perro semihundido, de Goya, al que considera «el cuadro más bello del mundo» y a cuyo estudio e interpretación ha dedicado gran cantidad de pinturas y grabados.