La “Lista de los Divinos” o “Gottbegnadeten-Liste” fue una lista de 36 páginas confeccionada, conjuntamente, entre Adolf Hitler y el Ministerio de Propaganda durante la fase final de la Segunda Guerra Mundial, y en la que se incluyeron los nombres de los artistas vivos más importantes con que contaba el Tercer Reich.

Los dirigentes del III Reich siempre mostraron un manifiesto interés por llenar de contenido artístico y cultural toda la ideología nazi, desde considerar el wagnerismo y sus descendientes como una cuestión de estado y tildar de degenerado el arte que no se ajustaba a sus presupuestos ideológicos. Los jerifaltes del Reich elaboraron listas positivas y negativas que incluían los nombres de intelectuales y artistas a los que había que proteger y la de aquellos a los que había que perseguir y llegado el caso, eliminar por indeseables.

hitler en una exposición

Al inicio de la Segunda Guerra Mundial Hitler dictó un Decreto en el que se establecía la indisponibilidad (“unabkömmlich”, o, abreviadamente, “UK”) para el servicio militar de una serie de artistas, escritores, escultores, arquitectos, pintores, cantantes, músicos y actores, aunque la exención del servicio militar les consagraba para que se dedicasen en exclusiva a ensalzar el nacionalsocialismo, una especie de acciones de guerra cultural. Esta salvaguarda se iba renovando cada año atendiendo a la evolución del comportamiento de la persona protegida. La lista, elaborada casi íntegramente por el ministro de Propaganda Goebbels, recogía la idoneidad de salvaguardar de cualquier tipo de riesgo a todos aquellos que eran considerados como los mejores embajadores del régimen nazi ante la opinión pública, y además podrían ser mostrados como ejemplo al pueblo alemán y especialmente a las nuevas generaciones que podrían tomarlos como espejo futuro. La primera lista confeccionada se refería al mundo de la música, tan potenciada por las autoridades del Reich, quienes consideraban la excelencia de la música alemana como una de las pruebas evidentes de la superioridad intelectual del nazismo con respecto del resto de  las naciones, con los Bach, Beethoven, Mozart, Haydn, Schumann, Wagner… y a los más conspicuos intérpretes de esa música como Furtwaengler, Krauss, Knappertbusch, Keilberth, Boehm,  entre otros. La lista estuvo compuesta de 360 músicos a todos los cuales les fue otorgada la dispensa con el sello “UK”. Todos ellos, al menos en público, profesaban fervor por su tradición germana y abominaban de las nuevas corrientes, como la música atonal, la clásica hecha por judíos, el jazz o sus variantes contemporáneas. También se fue confeccionando una lista de aspirantes a elegidos que aún no habían hecho los méritos suficientes para tal distinción, pero que si perseveraban en el intento podrán ser incluidos en cualquier momento.

Cuando los primeros reveses de la contienda comenzaron a producirse y la situación se hacía insostenible (1944) fueron clausurados todos los teatros y auditorios alemanes, por lo que algunos de ellos fueron destinados al frente o bien instados a realizar servicios en la industria del armamento generalmente dentro del territorio alemán. Solamente una minoría del total de los protegidos por el Reich fueron exonerados de estos servicios. Se calcula que un 10% de los casi 150.000 artistas afiliados al Partido Nazi fueron excluidos gracias a su inclusión en la Gottbegnadeten-Liste.

            Muy al final de la guerra, la mitad de estos artistas privilegiados (bienes esenciales para la nación)  fueron oficialmente declarados útiles para el servicio, aunque casi ninguno llegó a empuñar un fusil y mucho menos llegaría a pisar el frente de batalla. Fueron paseados in extremis para tratar de exaltar la destruida moral del pueblo alemán repitiendo con cada vez menos convicción los valores de la cultura del Reich.

            La lista de protegidos  incluyó un total de 1.041 personas

Al comienzo, la mayor parte de los nombres correspondía a profesionales de la industria cinematográfica, una disciplina artística considerada estratégica porque reflejaba un modo de vida que quería contrarrestar el pujante cine norteamericano.

A la lista de Goebbels y su ministerio se añadieron los protegidos del mismísimo Hitler, elaborando las suyas propias, en las que incluyó a escritores, compositores, músicos, artistas plásticos y actores. Los últimos tres meses de la contienda, cuando la derrota era inminente y las fronteras del Reich eran atravesadas por los cuatro puntos cardinales por las fuerza aliadas, todos los artistas protegidos fueron llamados a enrolarse a la desesperada como los últimos reservistas del que fuera, unos años atrás, el ejército más poderoso de Europa.
«El Sr. Ministro, en su calidad de Presidente de la Reichskulturkammer y en atención a los servicios artísticos que usted ha prestado, le declara exonerado del llamamiento a filas de la Wehrmacht y del Servicio de Trabajo. (…) Esta exención, que le ha sido reconocida por sus singulares cualidades artísticas, ha sido adoptada con la condición inexcusable de que usted debe quedar absolutamente disponible para la realización de cualesquiera actividades artísticas. (…) Le pido que valore tanto el contenido de esta carta, como las obligaciones que, en cuanto artista, le incumben respecto del esfuerzo de guerra, como unas medidas más dentro de la serie de disposiciones aprobadas por mí para la Guerra Total».

Joseph Goebbels

Entre los artistas que componían la lista de los insustituibles figuraban escultores como Arno Breker, Fritz Klimsch, Georg Kolbe, los pintores Claus Bergen, Herman Gradl, Alfred Mahlau, Arthur Kampf, Werner Peiner, los arquitectos Neufert, Klotz, Leo Gall, Herman Giesler y Wilhelm Kreis, escritores como Griese, Hauptman, Carossa e Ina Seidel, y músicos como Hans Pfitzner, Mark Lothar, Carl Orff y los grandes directores de orquesta Furtwaengler, Jochum, Abendroth y Elmendorff.

Llama la atención que, salvo los directores de orquesta y algunos compositores  que permanecieron en Alemania, la mayoría de los artistas protegidos por el Reich no aguantan comparación alguna con aquellos otros que tuvieron que huir por ser aislados y perseguidos posteriormente por el régimen nazi. Basta recordar algún nombre: Thomas Mann, Otto Klemperer, Erich Kleiber, Chagall, Kandisnsky, Nolde, Ernst… abrumadora constatación.
Thorak escultura

Fuente: Oliver Rathkolb: Führertreu und gottbegnadet. Künstlereliten im Dritten Reich. Österreichischer Bundesverlag. Viena, 1991