Hablamos de una reciente convocatoria para artistas, críticos, historiadores de arte, distribuidores, curadores y museos de Estados Unidos para eclipsar el día en que Trump juró su cargo como presidente de los Estados Unidos de América. El #J20 Art Strike se origina como parte del movimiento de resistencia que protesta contra las políticas del nuevo mandatario. La J20 Art Strike fue una oportunidad para reflexionar sobre lo que la nueva administración Trump presagia para el arte.

Pero este movimiento de resistencia, como a ellos les gusta llamarse, nos lleva  a recordar un episodio histórico por la lucha de los derechos civiles que determinados colectivos sociales acostumbran a llevar a cabo en Estados Unidos. Se trató de la huelga de los artistas de Nueva York del 22 de mayo de 1970 contra el racismo, el sexismo, la represión y la guerra, también llamada comúnmente como la huelga del arte. Fue convocada en las semanas posteriores de que el presidente Nixon anunciara que había ampliado la guerra de Vietnam en Camboya, que varios  estudiantes manifestantes fueron  asesinados en las universidades estatales de Kent y Jackson y que la policía de Augusta, había matado a seis hombres negros e hirió a unos 75 más mientras protestaban  por la muerte de un hombre negro encarcelado. La huelga se proclamó como una expresión de vergüenza e indignación por las políticas de racismo, guerra y represión del gobierno de los Estados Unidos.

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A pesar de las diferentes circunstancias, muchas de las preocupaciones expresadas por los artistas en 1970 siguen resonando hoy. Los artistas pidieron a los museos de Nueva York que exhibieran el trabajo de mujeres negras, puertorriqueñas e inmigrantes. Los artistas se enfrentaron a la crisis intentando cambiar las instituciones y estructuras del mundo del arte. En las semanas previas a la toma de posesión de Trump, muchos artistas han realizado arte para protestar por su presidencia bajo diferentes enfoques. En 1970, los artistas expresaron su protesta retirando sus obras de los museos y pidiendo que sus exposiciones se cerraran indefinidamente. Por ejemplo, Robert Morris, anunció que había cerrado su exposición en el Museo Whitney “para subrayar la necesidad que yo y otros sentimos de cambiar las prioridades en este momento contra las condiciones de intensificación de la represión, la guerra y el racismo en este país”. Adrian Piper retiró su obra de arte de una exposición en el Centro Cultural de Nueva York y la reemplazó con una declaración de que su acción era” una medida de protección contra las condiciones cada vez más generalizadas del miedo.

Muchos artistas actuales acusan a las instituciones de que están implicadas en la crisis, en sus políticas, sus modos de control, sus presunciones económicas, su jerarquía del poder formaban parte del propio juego del sistema corrupto y de las redes económicas. Señalan que los multimillonarios y magnates que financian la extrema derecha se sientan en importantes consejos y órganos de decisión de museos, convirtiéndoles en centros de arte y cultura neoliberales que contribuye a perpetuar la desigualdad.

Los artistas adoptaron una estrategia de acción directa en 1970, pidiendo a los museos y galerías de arte de la ciudad de Nueva York no sólo cerrar sino también poner a disposición de sus instalaciones al público, gratuitamente, llevando a cabo actividades de información contra la guerra, el racismo y la represión. Los artistas dijeron que estarían presentes para comprometerse con los visitantes y “politizarlos”, insistiendo en que los directores de museos, el personal y los visitantes asumieran la responsabilidad de la crisis y que cambiaran su actitud a partir de ese momento.

La respuesta de los museos en 1970 fue similar a los que han participado en la J20. El Museo Whitney cerró por un día, como el Museo Judío y el Centro Cultural de Nueva York, y también cedió espacio para la protesta, como la pintura satírica de Peter Saul sobre la guerra de Vietnam, “Saigon”, en el vestíbulo. Actualmente, el museo Whitney recibirá “Artists Speak Out”, organizado por Occupy Museums, invitando a artistas, críticos y trabajadores del arte a hablar en el museo y llevar la conversación a las calles en coordinación con otros eventos # J20.

Otros museos, por el contrario, se resistieron en 1970 a cerrar. Como Karl Katz, director del Museo Judío, quien explicó que “los museos que funcionan pueden servir para ayudar en la situación actual”. El mismo Metropolitan fue  contrario a la huelga -emitió una declaración de que su “responsabilidad hacia el pueblo de Nueva York le obligaba a permanecer abierto y permitir que el arte actuara de forma positiva en las mentes de los visitantes- por lo que unos 600 artistas hicieron de piquetes en su entrada principal impidiendo la entrada al mismo a los visitantes y trabajadores.

En 1970, algunos vieron el cierre de los museos como un acto dañino equivalente a la censura. El director del Museo de Arte Moderno (MoMA), John Hightower, advirtió que pedir a los museos que cierren “lo sitúa en la misma posición de Hitler en los años 30 y 40 y Stalin en los años 50. La actitud más antagónica fue la del director del Museo Guggenheim, Thomas Messer, quien denunció lo que él consideraba como la hipocresía de la huelga y mantuvo el Guggenheim abierto con algunas paredes vacías y despojadas de arte con el objeto de acusar a los huelguistas de acabar con el arte.

Muchos artistas actuaron para proteger su arte de la explotación, no para cambiarla o destruirla. La huelga quería acabar con el status quo establecido. Como explicaron los organizadores de ambas protestas separadas por casi 50 años, “no es una huelga contra el arte, el teatro o cualquier otra forma cultural. Es una invitación a motivar nuevamente estas actividades, a revisitar estos espacios como lugares donde se pueden producir formas resistentes de pensar, ver, sentir y actuar”. El cierre de los museos creó la oportunidad de rechazar los términos del acuerdo entre las oligarquías económicas y culturales, aunque sólo sea por un día, y reconsiderar el papel del arte en nuestra sociedad como protagonista del cambio que acabe con las desigualdades.

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