Interconexiones entre arte y literatura
A lo largo de la historia las relaciones entre arte y libros, como eje más amplio de experimentación, siempre han existido. La sinergia entre texto e imagen, entendiendo ambos como un todo conceptual se ha desarrollado prolijamente especialmente desde las dos últimas décadas, confiriendo a los libros y la visualización de los mismos como un todo conceptual que merece ser tenido en cuenta como una nueva forma de abordar el mundo de las conexiones artísticas interdisciplinares. Desde Apollinaire, Mallarmée, Aub, Solar, pasando por Georges Perec hasta la autora canadiense que nos ocupa, la preocupación por integrar texto e imagen en un mismo código semántico ha ido in crescendo, máxime en unos tiempos dominados por internet y su lenguaje fraccionado y su particular modo de percepción que condiciona todo una forma de comprender el arte y la cultura.

Un ejemplo paradigmático de conexión conceptual entre un libro y una exposición de arte contemporáneo, en donde ambas disciplinas se sujetan a través de la fotografía y la recuperación de la memoria a través de los objetos compartidos es la novela de la artista multidisciplinar Leanne Shapton Artefactos Importantes (Duomo 2010), cuyo subtítulo deja sin aliento: Artefactos importantes y propiedades personales de la colección de Lenore Doolan y Harold Morris, incluidos libros, ropa y joyas.

Esta novela triunfó en estados Unidos y Canadá por su planteamiento original y valiente. La novela se construye como un lote de 325 artículos que inmediatamente serán subastados correspondientes a una pareja que acaba de separarse. Dichos objetos aparecen fotografiados y junto a ellos un texto explicativo que es una historia de cada objeto y su relación con los propietarios que en algún momento fue una pareja feliz; una narrativa que cuenta dos historias, la de los objetos y la de los divorciados y su relación con los mismos. Son objetos simbólicos que encierran recuerdos, al modo de Marcel Duchamp o incluso de las gélidas e interminables listas y descripciones de Perec y sus contemporáneos franceses. Todo ello constituye un puzle de palabras y fotos, necesario para que el lector reconstruya la historia completa de la relación entre Doolan y Morris.

La fuerza de la imagen es brutal ya que sabe acompañarlo de una serie de imágenes que son conceptualizadas por la triste historia de una separación (comentarios de gran naturalidad, anotaciones en sus agendas, postales, e-mails que se intercambiaron, post-its con avisos personales entre ambos, cartas escritas y nunca enviadas…Este improvisado pero perfecto catálogo de subasta nos ayuda a conocer la exactitud de las relaciones entre la pareja. Las imágenes de las joyas, los muebles, la ropa, los libros, los sombreros, nos definen con certidumbre el carácter de sus propietarios, quienes acabarán exorcizando su relación del modo más brutal que pueda existir: desvinculando sus propias vidas a través de los objetos que no hace mucho tiempo tanto amaron.

Esta novelista gráfica y pintora distribuye el listado de los objetos de forma estudiada y hábil ya que los necesita para contar la historia de la relación desde su primer encuentro hasta el triste final de la separación. Además consigue que el lector se realice muchas preguntas para saber qué ha ocurrido exactamente y el porqué.

Esta forma novedosa de contar una historia de amor y desamor nos identifica con la situación de sus dos protagonistas, a través de la interacción de varias artes: la literatura, la fotografía, el arte contemporáneo y su forma más mercantilizada que es la subasta.

Artefactos importantes nos propone una forma novedosa de contar una historia de amor. Original y conmovedora, sutil y en cierto modo misteriosa. El libro de Leanne Shapton no sólo pone en cuestión qué es una novela y qué no lo es sino también qué es real y qué ficción. Hasta el punto de que algunos anticuarios han comercializado el libro en internet como si se tratase de un catálogo verdadero.

Leanne Shapton es una artista peculiar dotada una sensibilidad delicada y repleta de inteligencia. El origen de esta idea la explica ella misma “Empezó al descubrir un catálogo de las posesiones que Truman Capote dejó al final de su vida. Compré algunas cosas en esa subasta: tres abrigos. Me di cuenta de que, a través de sus letras, ceniceros y tarjetas de crédito, podías entender quién fue y cómo vivió. Así que se me ocurrió contar la vida de alguien a través de sus objetos. Pero no quería que muriera nadie, así que preferí que muriera algo. Y decidí que fuera el amor”.
Esta combinación perfecta entre texto e imagen dota a su obra de un acierto y una frescura narrativa poco habitual, en donde transforma la frialdad de las listas de objetos en una profusión extravagante de recuerdos que funciona muy bien. La forma es transgresora, pero la historia resulta muy tradicional. Un libro profundamente visual que acaba transformándose por sí mismo en un objeto artístico como cualquier instalación u obra de arte conceptual.