Coincidiendo con el 80 aniversario de la primera vez que se expuso Guernica, el Museo Reina Sofía presenta en abril de 2017 la muestra Piedad y terror en Picasso. El camino a Guernica. La exposición aborda la visión que proyectó Picasso sobre la guerra moderna –guerra desde el aire, muerte en la distancia, cuyo objetivo era la destrucción de poblaciones enteras– así como la singular iconografía de agonía, perplejidad y horror que este tipo de violencia trae consigo. En concreto, se centra en las raíces del imaginario de Guernica que podemos encontrar en obras previas del pintor, realizadas en los años posteriores a 1925, donde ya aparecen escenas de acción frenética y extática, a menudo rodeadas de un halo de peligro y que presentan situaciones de violencia explícita: bailes desaforados, feroces enfrentamientos entre el artista y la modelo, monstruosos forcejeos de índole sexual en la playa, o mujeres atrapadas en sillones con la boca abierta en un grito o rugido salvaje. Picasso trató esta temática en varias ocasiones. Decía que en sus cuadros de desnudos el sillón simbolizaba la muerte yacente que aguarda a la belleza; y cuando le preguntaron por la tristeza y la ansiedad que acechaban los cuadros de Dora Maar, replicó abruptamente que la mujer no era más que “una máquina de sufrimiento”, una declaración que algunos entendieron como compasiva y otros, como arrogante. Sin duda, en Guernica la compasión ganó la batalla. Asimismo, cabe destacar que en el cuadro la violencia “no” es parte de un baile sexual en el que la agresión y la sumisión se mezclan con el deseo y el placer. Sin embargo, en el conjunto de la obra de Picasso a menudo sí se produce esa fusión. En este sentido, la exposición busca explorar las profundas ambivalencias en las que incurrió el artista en el tratamiento de la violencia y la sexualidad.

            Guernica representa un interior que se desmorona, una habitación rota en mil pedazos por una bomba. Para el artista este era un tema nuevo y extremadamente difícil. Desde el principio, su universo pictórico se basó en el espacio contenido de una habitación: celebraba y confiaba en la intimidad y cercanía garantizadas por cuatro paredes y una ventana. No obstante, llama la atención cómo se siente atraído por todos los elementos de la modernidad del siglo XX que ponen en riesgo dicha habitación-espacio.

Por otra parte, se analiza el nuevo tratamiento que Picasso hizo de los interiores a partir de 1924. A este respecto, cada vez con mayor frecuencia, cuerpos rotos o desmembrados invaden salones y estudios, y el mundo exterior presiona para entrar por la ventana. La habitación se acaba poblando de monstruos. Finalmente, en torno a 1930, las criaturas escapan de la habitación y comienzan a encontrar su sitio en un espacio abierto, incluso público. Los monstruos se vuelven monumentos. La monstruosidad en su obra no es en absoluto sencilla ni tiene una connotación negativa; más bien, es una nueva forma de vitalidad y auto-reconocimiento.

El recorrido planteado por la exposición pone de relieve que no hubiera sido posible para el artista concebir Guernica –esa puesta en escena final de una inmensa tragedia dirigida al ámbito público– sin estos singulares experimentos anteriores. Por esta razón, la muestra arranca con las naturalezas muertas y los interiores de los años 1924 y 1925,  para dar paso a cómo Picasso abordó la monstruosidad y la violencia a finales de esa década y durante la siguiente, con sus terribles retratos e interiores realizados al comienzo de la Segunda Guerra.

A lo largo de las ocho décadas desde la primera exhibición de Guernica en el Pabellón Español en París, el cuadro de Picasso se ha convertido en la gran escena trágica de nuestra cultura, un paradigma de la muerte y la violencia, perpetradas en el contexto de la guerra moderna, y de la fragilidad de la vida misma.

Al aceptar el encargo de pintar el mural, el artista era muy consciente del reto que suponía: la representación de lo público, lo político, la gran escala, lo heroico y lo compasivo le eran territorios desconocidos. Sin embargo, pese a la novedad de estos elementos, esta exposición muestra cómo el camino a Guernica comenzó a mediados de la década de los veinte, a medida que una serie de inquietudes se van plasmando en el lienzo: el miedo, el horror y la monstruosidad se manifiestan como inherentes a la condición humana moderna, revelando las raíces de lo que será el imaginario de Guernica.

picasso

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Fuente: Museo Nacional de Arte Contemporáneo Reina Sofía