Hice lo mejor posible, no fue mucho. No podía sentir, así que intenté tocar. Dije la verdad, no te tomé el pelo.
Y aún así todo salió mal. Permaneceré ante la oración del Señor, sin nada en mi lengua más que el aleluya.

Aleluya…

Ha fallecido el genio de Quebec, poeta, cantante y hasta ensayista. Pero también demostró una increíble fidelidad hacia las artes plásticas. Su sensibilidad recorría como vasos comunicantes todas sus actividades artistas, fronterizas todas ellas con su talento y personalidad. El era una persona dotada para las bellas artes. Ejemplos de ello los tenemos desde Leonardo y Miguel Ángel a Hugo, Baudelaire, hasta nuestros días: Bowie, Dylan, Hergé, Paz, Cirlot…pero hoy el que nos ocupa es Cohen.

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Cohen también cultivo la pintura, la que le sirvió principalmente para ilustrar El libro de los anhelos. Se trata de un arte irónico, de excelente trazo, diríamos que muy musical, ingenioso. Su obra es escasa, lo que le otorgó un mayor valor, aunque sea el de la originalidad y la rareza. Son retratos de mujeres, de escenas cotidianas, algún autorretrato, todo muy autobiográfico como su poesía musical, pero si entramos en las comparaciones con otros cantantes actuales ganaría por goleada cualitativa (no citaremos nombres, por supuesto). El libro del anhelo es un poemario escrito por el autor y acompañado de sus propios dibujos, que complementa sus canciones. Veinte años trabajó en este libro, o sea, una vida paralela dedicada a la poesía. Excelente modo de confrontar todas sus capacidades artísticas que se van alimentando y enriqueciendo unas con otras.


Leonard Cohen, artista (1934 – 2016)