Cuando Pollock increpó a su amigo De Kooning con la célebre frase, éste redescubrió el gusto por un cierto concepto figurativo del arte, influenciado por el realista Hopper, ya se evidenciaba una guerra que se estaba librando en las trincheras de la pintura neoyorquina de los años 60, en donde el expresionismo abstracto vivía sus últimos momentos y se abría paso el pop art y su clara influencia realista. El choque entre expresionistas abstractos y realistas se reflejaba en las galerías y museos donde cada cual adoptaba una postura y se postulaba como paladín del movimiento en cuestión. La opinión dominante era la abstracción expresionista por lo que un joven que se dedicara al realismo o el arte figurativo lo hacía como si defendiera una práctica peligrosa y herética. Hacía 1962 el arte abstracto empezaba a colapsar, aunque tardaría una década más en periclitarse su aurea. Durante todo ese tiempo los realistas con la obra de Hopper a la cabeza tenían que luchar, hasta que el arte pop, hacia 1964 cambió todo. Un momento cenital en la historia del arte moderno, para algunos el inicio del arte contemporáneo, fue la mítica exposición celebrada en el 74 East Manhattan, en la Galería Stable de las famosas cajas de detergente Brillo Box de Warhol, un cuestionamiento práctico y más avanzado de las teorías duchampianas del qué es el arte, y su negación de los postulados modernistas y de la afirmación excluyente de unos Manifiestos. Estamos ante el inicio de la era del momento posthistórico, en palabras del intuitivo filósofo del arte y crítico Arthur Danto, quien defiende que a partir de este momento todos los estilos tienen igual valor y ninguno es mejor que otro y que lo bueno y lo malo en materia de arte no tiene que ver con el estilo correcto o estar en el manifiesto correcto: la historia del arte, estructurada como relato legitimador había llegado al final.

Warhol Brillo box millennialsart

El inicio del pop art había supuesto una especie de transfiguración hermosa de la realidad, había mostrado su interés por el realismo y la fotografía descriptiva aunque retocada por diferentes formas de aproximación y manipulación visual. Mientras el expresionismo abstracto se relacionaba con el poder oculto de la mente y sus fuerzas telúricas a guisa de chamanismo e iniciación predicados ya en los surrealistas y sus esquemas ideológicos y metafísicos, el pop art mutaba las cosas sencillas de la vida y las elevaba al status de obra de arte como un arte refinado capaz de emocionar estéticamente al común de los mortales: un verdadero movimiento de liberación.

En ese intenso periodo de transición entre la abstracción de Pollock, De Kooning, Kline, Rothko, Motherwell y el inicio del pop art, se produce una coexistencia de estilos que libran sus afrentas de tantos años, especialmente la corriente realista que vuelve a ser objeto de interés por los nuevos artistas del pop art neoyorquino especialmente. Junto a la exposición anteriormente citada, el museo Whittney, tras más de dos décadas sin exponer obra figurativa acoge una de la retrospectivas de su moemto y que servirá para rehabilitar y casi revisitar la obra de Edward Hopper, un icono de la modernidad y de la pintura contemporánea. Los nuevos artistas comienzan a poner sus ojos en la obra de Hopper y Wyett entre otros, e incluso los consagrados provenientes de la abstracción e incluso el suprematismo como Willem de Kooning desarrolla algunas obras con claros componentes neorrealistas y descriptivos, lo cual causa verdadera indignación en sus propios compañeros de escuela. Y la pregunta está clara: Si el futuro estaba en manos de la abstracción qué pasó con los realistas como el mencionado Hopper, Henri o Wyett, que todavía existían en gran número en Estados Unidos. Ellos no dejaron de luchar ya que debido al enorme éxito del expresionismo abstracto de los años 50 el realismo amenazaba ser aplastado por un modernismo “definido estrechamente como una exclusiva de la abstracción” en palabras de Danto.

De Kooning Woman V millennialsart

Hopper llegó a liderar un compromiso con sus compañeros de estilo en el Gobbledegook –campaña contra la abstracción- contra el Museo de Arte Moderno, que favorecía descaradamente la abstracción y al arte no objetivo, excluyendo al realismo. Se juntaron con otros artistas para preservar la exiastencia del realismo en el arte y contra la usurpación al por mayor de lo abstracto por parte del Museo Moderno, el Whittney y de la mayoría de las universidades de arte de Estados Unidos. Incluso llegaron a divulgar una revista Reality pues estaban convencidos de que la pervivencia de la pintura objetiva estaba en peligro. Su defensa resultaba casi teológica, conmovedora. Lo políticamente correcto en aquellos tiempos era la defensa de la abstracción y condenar en el olvido al figurativismo realista, como si pertenecieran a un escalón más bajo de la evolución del arte. Pero ya en 1960 la abstracción se llenó de epígonos y el nivel creativo fue empobreciéndose, quedando claro que como todo en la vida, hay bueno y malo, incluido en el expresionismo abstracto.

Y tal vez, la causa del cambio y el interés por Hopper y sus huestes fuera la aparición del pop art, un movimiento extraordinariamente crítico con los dogmatismos de los Manifiestos modernistas. Los artistas más jóvenes estaban experimentando un viraje hacia los movimientos pop y fotorrealistas. Incluso algunos de los más conspicuos seguidores del expresionismo realista mostraron interés en Hopper como De Kooning y su legendario revuelo creado por el uso de lo figurativo en su obra Women expuesta en la Galería Sidney Janis en 1953.

Tal vez conscientemente De Kooning había traicionado la revolución abstracta en la pintura como Stravinsky hizo en repetidas veces con  su revolución musical y su vuelta a sus orígenes conocidos. Para algunos críticos, Hopper fue el predecesor del pop art, en el modo de colorear y rotular luminosos y fachadas que aparecía en sus cuadros. Favor que este movimiento devolvió a una escuela entera de pintores realistas que volvieran a ejercer su excelencia artística e influencia gracias a los postulados del nuevo arte que emergía imparable. Un arte que estaba reiniciando una nueva era, que había arrastrado tras de sí un tipo realista de arte pasado por la túrmix de la ironía y la transfiguración conceptual, exportado a otros lugares del mundo, como a Alemania y su realismo capitalista de Polke y Richter, el Arte Sots de Komar y Melamid de la URSS que lograron imponerse a los oficiales realismo socialista soviético y la rígida e ideologizada abstracción germana. Y es que detrás de este cataclismo emergieron aspectos del arte que parecían olvidados y obsoletos, como la pintura realista y figurativa.