La biografía que aparece en la web de Laboral Centro de Arte y Creación Industrial nos dice que Alicia Framis es una artista multidisciplinar que combina en su obra arquitectura, diseño, moda y performance y que su trabajo se basa en proyectos centrados en diferentes aspectos de la existencia humana en la sociedad urbana contemporánea.

Que además nació en Barcelona y que estudió en la Escuela de bellas Artes de la Universidad de Barcelona y en el École de Beaux Arts de París. Así mismo, realizó un máster en el Institut d’Hautes Etudes de París; y otro en el Rijksakademie Van Beelde Kunstende de Ámsterdam. Y que tras completar sus estudios artísticos ha vivido y trabajado en Barcelona (1985-1990), París (1990-1993) y Ámsterdam desde 1995. Además nos indica que estamos ante uno de los artistas españoles más  reconocidos en todo el mundo por sus performances y acciones, como Loneliness in the City (1999-2000), The Secret Strike Films (2003-2006); una instalación sólo para mujeres, Minibar, en la segunda bienal de Berlín en 2001; y Anti_dog (2002-2003), obra que representó a Holanda en el pabellón de este país en la quincuagésima Bienal de Venecia en 2003.

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Algunos especialistas definen su obra como arte social o new performance art, tal vez porque lo que primero que se percibe es un gran componente social que parece reflexionar sobre diferentes aspectos de la existencia humana en el mundo urbano contemporáneo. Una frase Newton, porque vale para un roto y un descosido, expresión campanudamente conceptual que cae por su propio peso, como la famosa manzana. Empezó a llamarnos la atención especialmente su obra cuando contemplamos la exposición colectiva, en la que ella participaba, Llega un grito a través del cielo, muestra que exploraba el impacto de la tecnología de los drones en las guerras actuales y el  miedo que producía en nuestras vidas el uso de esa tecnología u otras como Anti dog, o Framis in Progress, o las excelentes La habitación del grito o Confesionario. Muchos conceptos nuevamente, pero con algo que poderosamente se asoció a esas imágenes en mi cerebro: alguna pieza del Clave bien temperado de J.S. Bach -les prometo que no es pedantería, creo yo; si el click despertado hubiera sido de un cantautor del siglo pasado, de Nirvana o de otro cualquiera, lo manifestaría igual-, pero no interpretado por Gould sino por Richter: absoluto control y dominio formal, por encima de otras variables de tipo social, político, público, participativo, que evidentemente conforman su obra, prevaleciendo lo visual ante el valor del sentido, es decir, la sintaxis ante la semántica, la experiencia total de la sintaxis del arte, si ello aún fuera posible en los tiempos de las redes sociales, y de eso que llaman cultura de los emprendedores / emperdedores.

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Si la mayoría de los temas que toca Framis son de gran relevancia social, como los colectivos marginados, el abuso del poder, Guantánamo, la censura, el control que ejerce la iglesia sobre las mentes de la gente, la soledad y ansiedad de ésta, los recuerdos, los nuevos métodos tecnológicos de guerra (Fíjense en el contraste con la propia naturaleza de la muestra: la autora eligió la reproducción de una paloma con dos cámaras de fotos que fue utilizada en la Primera Guerra Mundial), las relaciones laborales y los individuos que acabarán por ser cosificados, o espacios arquitectónicos ambiguos y opresivos que tratan de equilibrar la saturación perceptiva de los individuos, con madera e ironía a partes iguales, por qué su obra se manifiesta de una forma tan poderosamente formal, tan inequívocamente perfecta en cuanto a sus estructuras sintácticas y compositivas. Esa particularidad la observamos perfectamente en Departures (2010-2013), dibujos a lápiz de paneles de aeropuertos donde los destinos de los aviones responden a ciudades utópicas y lugares imaginarios de la literatura, la filosofía, el cine de ciencia ficción o la historia de la arquitectura. Ítalo Calvino en estado puro, otro ejemplo de que la belleza formal condiciona para bien el contenido. Son salidas que se van completando año a año, como una emigrante de la imaginación y del poder onírico de la huida hacia mundos más deseables.  Ella misma comenta que es una mezcla de realidad y fantasía y que tienen que ver con su obsesión de salir de la rutina e inventar nuevas maneras de vivir, de socializar, de amar, como un buen autorretrato.

Sus espacios habitables y de encuentro, también me recuerdan a la narrativa del autor de las ciudades invisibles, pero en sentido contrario. El del autor italiano parte del más absoluto confort y equilibrio, belleza y elegancia, el de Framis, de los ambientes hostiles y adversos, suburbiales (Cinema Solo). Pero mientras que lo que nos cuenta Calvino acaba convirtiéndose en opresivo, lo que muestra Framis es la posibilidad de adaptarse y sociabilizar un entorno. Empezar a dar visibilidad a lo invisible, que puede ser producido por el miedo. Siempre mejorar partiendo de una situación extrema, como
Moon Life Foundation, un catálogo de posibilidades tecnológicas de mejora de la vida en la tierra en situaciones extremas.

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Framis cree que las limitaciones del arte a la hora de comunicar se pueden salvar a través del contacto directo con el público por medio de piezas que permiten disfrutar de experiencias insólitas. Antepone el mensaje al medio, pero nos reiteramos en nuestra opinión de que la obra de Framis es poderosa por el medio que utiliza para comunicar. Al igual que Bach, al igual que Calvino, entre otros privilegiados. Muchos críticos afirman que la cercanía emocional que transmite su obra es una de sus virtudes, la someten a una causalidad sospechosa: visualizar, identificar y encontrar soluciones a problemas reales.
“Mi trabajo tiene muchos niveles de lectura, visual, emocional e intelectual. Soy de una generación de la que el arte no es sólo una experiencia puramente mental, en la que sólo se utiliza el cerebro, sino que es una experiencia total”, explica. Nosotros cambiaríamos el orden que ella ha establecido: intelectual, visual y emocional. Y creemos que su forma de comunicar hace posible que los circuitos que nos ponen en contacto con sus producciones no se recalienten y que hagan bien su trabajo llegando a nuestra percepción equilibradamente, sin sobreactuaciones, convenientemente refrigerados por el buen hacer de la artista barcelonesa.

Alicia Framis forma parte de una generación de creadores españoles que por derecho propio, han logrado hacerse un hueco en el panorama internacional del arte. Su arte participativo, lejos de caer en la demagogia y ramplonería que suele amenazar este tipo de disciplina, logra implicar al visitante para que forme parte de la obra de modo reflexivo. Su arte social y de trascendencia pública es mucho más que eso, detrás hay una excelente labor de reflexión y ejecución perfectamente definida y priorizada, como una buena pieza de piano o una gran novela. Como una gran performance que experimenta y recorre el mundo, al fin y al cabo la vida es una gran performance, lo que hay que saber es cómo convertirla en algo inteligente y que merezca la pena ser conocida por el público. Y Framis lo está logrando.

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Diego Casillas

Editor Millennialsart.com