Olafur Eliasson (Copenhague, 1967), es uno de los artistas multidisciplinares y experimentales más destacado del momento actual y ha expuesto en los mejores museos de arte contemporáneo del mundo, convirtiéndose en una gran estrella del arte contemporáneo, al mismo nivel de los Koons, Murakami, Kapour o Hirst. Su consagración llegó con The Weather Project (2013), la puesta de sol artificial que sedujo a dos millones de visitantes en la Tate Modern. Además, sus obras alcanzan cotizaciones récords en las casas de subastas.

 

Eliasson dirige un taller/estudio que emplea a 100 personas en Berlín, en donde merece la pena señalar la formación técnica e industrial de muchos de ellos. Además desarrolla proyectos comprometidos con el medio ambiente y la cooperación con África. Además, es profesor de la Universidad de Bellas Artes de Adís Abeba, donde adoptó a sus dos hijos. Este artista enormemente visual, al modo renacentista, cual Leonardo, es especialista en espectaculares instalaciones en donde el conocimiento técnico y tecnológico compite con la excelencia artística y visual, también ha realizado esculturas, fotos o cine. El arte de Eliasson se caracteriza por su componente formativo y donde juega con cambiar los roles de la percepción de sus audiencias y numerosos seguidores. El cambio de prisma subjetivo es uno de los efectos que genera en el observador. Es un juego de interacciones que se ve favorecida por la espectacularidad del rigor técnico que despliega su obra y la conmoción que produce en la impresión del que observa. Todas las interpretaciones son válidas. El trabajo de Eliasson se nutre de la pluralidad de significados que nos lleva a la exploración de nuestro interior con el mundo que nos rodea, en un conflicto temporal y espacial de lo más acusado.

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Su aclamada instalación The Weather Proyect , un grandioso amanecer reproducido en la Sala de Turbinas de la Tate Modern de Londres, y que está pensado para que el visitante sea consciente de su finitud ante la grandiosa metafísica del tiempo y del espacio, como decíamos antes. Esta gran encrucijada emocionante hace que nuestras realidades vitales se complementen de modo casi alquímico con la percepción de luz que recibimos y experimentamos en la Sala de Turbinas.

Eliasson sabe cómo jugar con nuestros sentidos, accionar el click que nos pone delante de su obra de arte y modificar nuestra percepción y realidad, una forma decente de manipulación sensorial y cultural. Pasamos a formar parte de la propia instalación del danés de origen islandés.

Su laboratorio de investigación del espacio en Berlín, sirve para analizar las relaciones entre materiales tradicionales y físicos con elementos de gran intangibilidad como la luz, el agua, la temperatura, el color. En 2003 Olafur representó a Dinamarca en la edición número 50 de la Bienal de Venecia.

olafur eliasson

Olafur ha participado en distintos proyectos realizados en espacios públicos, como Green River, llevada a cabo en varias ciudades entre 1998 y 2001. En 2008 montó The New York Waterfalls y ha trabajado en proyectos encargados por la prestigiosa Serpentine Gallery o la Fundación Louis Vuitton en París, con la muestra titulada Contact, un juego de ilusiones ópticas que quiebran nuestra resistencia sensorial y modifican toda nuestra red de seguridad receptiva, una especie de salto al vacío o hacia el infinito. Otra gran obra suya es Riverbed es un paisaje artificial de piedra volcánica que Eliasson trasladó de Islandia hasta el interior de un museo privado cercano a Copenhague. Su última gran muestra, aunque menos espectacular que las otras, acontece en el Palacio de Versalles, que desde 2008 invita anualmente a un artista a exhibir sus obras en la antigua residencia real. La muestra de Eliasson apuesta por subvertir el orden social y la jerarquía que marcan las distintas épocas históricas, elaborando un recorrido sensorial que cuestiona con sus ocho obras ad hoc el orden político, es decir, la propia civilización, basándose en la interacción cultura y medio ambiente y originando un cambio de perspectiva. En el folleto que presenta la exposición afirma “El Versalles en el que he soñado es un lugar que da poder a todo el mundo. Invita al visitante a tomar control sobre su experiencia, en lugar de limitarse a consumir y sentirse aturdido por la grandeza. Le exige que ejercite sus sentidos, que acepte lo inesperado, que se pierda por los jardines, y que sienta cómo el paisaje toma forma a través de su movimiento”.

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