La exposición del V Centenario de su muerte reunirá la mayor colección de obras procedente de museos de Europa y de Estados Unidos, además de los ya existentes en la pinacoteca madrileña y El Escorial. Una exposición única y difícilmente repetible.

Retrato de El Bosco atribuido a Le Boucq millennialsart

Jerónimo Van Aecken (Brabante, aproximadamente 1450-1516) fue un pintor exitoso en vida y al que cinco siglos más tarde la unánime opinión de nosotros considera fascinante, precursor y visionario, tal vez motivada en parte por la enorme carga simbólica de los cuadros y la atribución compleja de su autoría. El Bosco fue considerado como herético por parte de los contrarreformistas (simpatizaba con los ideales de la reforma luterana y la devotio moderna), a pesar de todo creía firmemente en la Virgen María y su concepto de predestinación de un alma humana perdida desde el momento mismo del nacimiento. Su pictórico antecesor y del cual recibió una importante carga de influencia y de magisterio fue el gran Jan Van Eyck, que influyó decisivamente en otros grandes maestros como Pieter Brueguel o Patinir; sus contemporáneos fueron genios declarados ya en vida como Leonardo, Miguel Ängel, Erasmo o Galileo en las disciplinas humanitarias y científicas. En este sustrato social, cultural y geográfico se desarrollo el genio flamenco. Como gran curiosidad y tal vez como paradoja por la aparente disparidad de personalidades (Jerónimo fue religioso, humanista, inestable, visionario, contradictorio…) fue Felipe II y en menor medida el duque de Alba quienes lucharon por adquirir muchas de sus obras, tal vez las más importantes y representativas del autor, y que hoy lucen en la principal pinacoteca del mundo, El Prado y en el Monasterio de El Escorial.

El jardín de las delicias El Bosco millennialsart

El 31 de Mayo se inicia esta retrospectiva que en palabras de una de sus comisarias Pilar Silva “uno de los mayores atractivos del pintor es que estamos ante uno de los pocos artistas que dibuja como un pintor y pinta como un dibujante”. Además la complejidad de la muestra pondrá a prueba el buen sentido curatorial por la falta de documentos que fehacientemente ordenen cronológicamente cada pintura. Pero en palabras de Silva allí “tendremos reunidos sus principales obras: El jardín de las delicias, La mesa de los siete pecados capitales, Las tentaciones de san Antonio, El carro de heno, La coronación de espinas o El hombre del árbol. Y eso permitirá una agrupación temática de sus obras realmente interesante y muy divulgativa”.

Esta magna exposición monográfica compartirá salas en El Prado con Goya y Velázquez, los dos genios españoles que reciben el mayor número de visitantes junta al pintor de Brabante. Son los tres artistas que concitan mayor interés en la pinacoteca desde hace mucho tiempo, si exceptuamos alguna otra obra aislada de otros autores como Rubens, Tiziano, Murillo o Van der Weiden.

El carro de heno El Bosco millennialsart

A finales del 2015 la organización de esta exposición sufrió un contratiempo inesperado, que algunos juzgaron como intencionado al considerar que desde Holanda, los técnicos holandeses del Proyecto de Investigación y Conservación de El Bosco, que llevaban cinco años analizando y estudiando la obra del artista para conmemorar su V Centenario con otra poderosa exposición celebrada en Hertogenbosch, y un notable número de actos repartidos por toda Holanda y Bélgica, anunciaron que tres obras: La mesa de los siete pecados capitales, La extracción de la piedra de la locura y Las tentaciones de San Antonio Abad, las tres asentadas en territorio español, no partieron de sus pinceles sino más bien de su entorno, es decir, dudaban de su autoría. En El Prado se indignaron y se procedió con carácter de urgencia a someter a esas tres obras a todo tipo de pruebas (reflectografía, radiografías y estudios avanzados de pigmentos) y llegaron a la conclusión de que las obras pertenecían sin ningún género de dudas a la obra de Jerónimo van Aecken, El Bosco. Y ratificaron lo que El Prado afirmaba. Por lo tanto se determinó que la exposición que iba a tener lugar no corría peligro y que esas tres obras importantísimas podrían lucir junto al resto de las expuestas.

La adoración de los Magos El Bosco millennialsart

El Bosco fue un pintor icónico ya en vida, una celebridad internacional a la que le llovían los encargos y las muestras de respeto y admiración a pesar de ser cuestionado por su forma de pensar y por la carga brutalmente simbólica de sus pinturas que podrían resultar inquietantes y contradictorias para el pensamiento religioso y político dominante. Sus contemporáneos imitaron sus paisajes y su influencia en el devenir de los pintores de las diferentes escuelas y siglos fue inmensa, desde Goya, pasando por Dalí o el artista contemporáneo japonés Murakami, que actualmente bate records en las subastas de Londres o Nueva York. Quizá por eso los japoneses amen tanto a El Bosco, la influencia del mismo en la estética Manga es perfectamente apreciable. Además fue un pionero del género costumbrista y de la pintura moralizante, algo sui géneris pero que evidencia su clara tendencia a confundir y a cargar de mensajes cifrados sus cuadros, divididos en parcelas pobladas de semas y narrativas visuales que se complementan unas a otras, en donde caben lo escabroso, las sátiras violentas, la monstruosidad a veces aberrante y los inverosímiles demonios. Una moral abigarrada y ambigua, una llamada de atención epatante que advierte al observador el mundo de pesadilla que se avecina. Los cuadros son un látigo con el que fustigar al cristiano que corre el riesgo de caer en el vicio y en la locura, en la ambición y en los placeres fáciles de los tiempos que corren.

Van Aecken, más conocido como El Bosco (el nació en la ciudad de Hertogenbosch, capital de Brabante, hoy Holanda) nos tiene seriamente confundidos. La marea interpretativa que ha generado es intensa y hemos podido comprobar recientemente como se mezclan teorías dispares y aparentemente contradictorias las unas de las otras. Este autor de obras abiertas, como avalarían los estudios semióticos sin necesidad de dar el paso a las teorías psicocríticas del arte, ya nos indica que su pesimismo evidente no sea tal vez una esperanza reprimida y deseada en alcanzar una refundación religiosa y social de una complicadísima época. Se nos transmite la desazón que supone confrontar la naturaleza y la cultura, la relación que existe entre hombres y mujeres, el pecado y el placer, el dinero y las nuevas clases sociales que transaccionan entre ellas, el poder todopoderoso de Dios, su crítica a los placeres mundanos, su moralismo férreo,  pero por el contrario no fue ajeno a ellos. Quizá quien mejor nos explique con una sola frase quién era El Bosco sea fray José de Siguenza, un monje jerónimo que vivió en el siglo XVI: “la diferencia entre este hombre y los demás artistas es que ellos pintan a los hombres tal y cómo los ven en su apariencia externa. El Bosco tiene el valor de pintarlos cuáles son por dentro, en el interior”. Y ya se sabe que no hay nada más contradictorio y complejo que el interior del ser humano.

 

EXPOSICIÓN DEL V CENTENARIO DE EL BOSCO

MUSEO DEL PRADO

31.05.2016 – 11.09.2016