“Carlos III, cazador de Francisco de Goya. Relaciones y divergencias” es el título de la instalación especial, en la sala 37 del edificio Villanueva, que el Museo del Prado dedica al monarca en el III centenario de su nacimiento.

La reciente restauración del Retrato de Carlos III, cazador de Goya, actuación enmarcada en el programa de Restauraciones del Museo que patrocina la Fundación Iberdrola España, revela una pintura de calidad extraordinaria cuya técnica transmite poderosamente la personalidad del retratado y evidencia que fue pintado del natural desvirtuando así la idea, vigente hasta ahora, de que siguió el modelo acuñado por Antón Rafael Mengs en su retrato de hacia 1765. La posibilidad de establecer una comparación entre ambos originales se hace accesible al público por primera vez en esta instalación. Sin embargo, la limpieza de sus barnices oxidados ha revelado una pintura en perfecto estado de conservación y de una calidad realmente excepcional. Su técnica evidencia un retrato pintado ante el modelo por la precisión, variedad y riqueza de las pinceladas, los matices de color y las exquisitas transparencias que transmiten poderosamente la personalidad del rey. Además, su procedencia directa de la colección real apoya que fuera éste uno de los primeros retratos del monarca pintados por Goya. Así, técnica y procedencia desvirtúan ahora la idea establecida desde antiguo y recogida hasta en la bibliografía más reciente de que Goya no lo hizo del natural y de que siguió el modelo acuñado por Antón Rafael Mengs en su excepcional retrato de hacia 1765, como podrá constatarse en esta muestra. La figura del Carlos III se une aquí a cuatro medallas que revelan su efigie dinástica, desde el período italiano hasta el reinado español, y a un grupo de siete pinturas y dos estampas que le muestran desde su infancia hasta el retrato de Mengs y la interpretación final de Goya.

Carlos III reinó en España desde 1759, tras la muerte prematura y sin descendencia de sus hermanos mayores, Luis I y Fernando VI, hijos de María Luisa Gabriela de Saboya, primera esposa de Felipe V. La ambición política de su madre y las alianzas  con Francia de Felipe V situaron a Carlos como duque de Parma (1731-1735) y después, como rey de Nápoles y Sicilia (1734-1759). Los treinta años del reinado de Carlos III en España fueron provechosos por la inteligencia del monarca, que estimuló políticas ilustradas y se rodeó de ministros modernos en todos los campos. Fomentó el comercio y la industria, pero alentó asimismo las artes y, por él, llegaron a España artista como Giambattista Tiépolo y, sobre todo, Anton Raphael Mengs, determinantes en el panorama artístico español. Con Carlos III se fomentó, además, la presencia de los artistas españoles en los proyectos decorativos de sus palacios, entre los que Francisco de Goya fue, sin duda, el genio incuestionable.

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