Aunque Cervantes no buscaba la gloria de un fundador, el Quijote es, para el ensayista y escritor Milan Kundera, “el punto de partida de un arte nuevo”. Muy pocas obras literarias inspiran tantas imágenes como El Quijote. La novela de Cervantes, justamente considerada como la primera novela moderna, suscita a lo largo del tiempo el interés de toda clase de artistas.

4 don quijote y el arte

 

Sin duda, una de las mejores exposiciones celebradas con temática quijotesca fue  Las tres dimensiones de El Quijote. El Quijote y el arte contemporáneo español, enmarcada en los actos de celebración del IV Centenario de la publicación de El Quijote. Organizada por la Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales, la muestra reunió veinte obras originales e inéditas, creadas expresamente para la ocasión por algunos de los artistas españoles más representativos del momento: Andreu Alfaro, Eduardo Arroyo, Rafael Canogar, Martín Chirino, Alberto Corazón, Susana Gómez, Cristina Iglesias, Carmen Laffón, Francisco Leiro, Eva Lootz, Julio López Hernández, Blanca Muñoz, Juan Navarro Baldeweg, Miquel Navarro, Carlos Pazos, Javier Pérez, Jaume Plensa, José María Sicilia, Susana Solano y Darío Villalba. Los artistas seleccionados realizaron interpretaciones personales, sorprendentes y originales, alejadas de las viñetas ilustrativas de antaño. Allí se pudo observar la enorme carga de inspiración que el personaje de Cervantes sometía al grupo de relevantes artistas contemporáneos de la muestra. Todo una influencia ejercida sobre las diferentes iconografías del arte contemporáneo español.

 

 

Resumiendo en un breve recorrido histórico, importancia enorme cobran también las ediciones ilustradas con grabados de importantes creadores que se suceden desde el siglo XVII, si bien la gran época de recreación plástica de El Quijote es durante los siglos XIX y XX. En este sentido, artistas destacados como Delacroix o el pintor realista Honoré Daumier realizan cuadros inspirados en esta novela. A partir del siglo XIX se multiplican los artistas relevantes que ponen lo mejor de su talento en representar escenas vinculadas al Quijote. Sin embargo, una rápida revisión de este material artístico lleva a la conclusión de que la creación plástica generada por la historia del caballero manchego se centra principalmente en el ámbito de la ilustración. En el vanguardista siglo XX muchos artistas españoles célebres se ocupan de la insigne novela de Cervantes, entre los que figuran Salvador Dalí, Miquel Barceló, Eduardo Arroyo o Antonio Saura, quienes abordan la obra con enfoques distintos y a través de motivaciones y requerimientos diversos.

6 don quijote y el arte

 

La primera parte de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha apareció en 1605, la segunda una década más tarde. Tras cuatro siglos, continúa generando una enorme cantidad de iconografía en torno a sí y despertando el interés de muchos artistas que deciden traspasar el papel de lectores y admiradores de la obra cumbre de la literatura cervantina para reinventarla a través de creaciones propias.

 

 

Para Eduardo Alaminos, uno de los mayores especialistas en la influencia del Quijote en el arte “si bien es cierto que el Quijote se ilustró prácticamente desde su publicación en 1605, cada período histórico ha arrojado su peculiar visión del libro. Y, como no podía ser de otro modo, también han ido variando las interpretaciones. La época romántica vio en el Quijote a un desarraigado, a un personaje que lucha por la libertad. En el siglo XIX en España se resaltó una visión más costumbrista, tradicional y nacionalista del Quijote. En definitiva, cada época tuvo sus propias visiones”, asegura Alaminos.

 

Los siglos XX y XXI tampoco han querido dejar pasar la oportunidad de arrojar su particular punto de vista, valiéndose, para ello, del arte. “El mundo de la ilustración te lleva casi siempre al mundo figurativo, a intentar plasmar la realidad, a narrar lo que ocurre. Pero con el arte contemporáneo se produce un enorme salto: tienes lo figurativo, lo abstracto, lo conceptual, la fotografía, la variedad de técnicas y materiales”.

2 don quijote y el arte

El cuadro con mayor difusión sobre “El Quijote” es sin lugar, el que dibujó Pablo Picasso de 1960. Es una litografía que actualmente se encuentra en el Museo Iconográfico de Guanajuato en México y en la que se observa a Don Quijote y Sancho Panza de forma esquemática sobre los molinos, y que ha servido para innumerables carteles sobre este personaje universal. También Salvador Dalí realizó un grabado dentro de su universo onírico en 1971, además de los cuadros “Señora Dulcinea”, “Don Quijote” y una litografía en color que sirvió para ilustrar una edición del libro, aparecida en Barcelona en 1965. La figura del Quijote ha sido utilizada como fuente de inspiración, especialmente por las corrientes pictóricas de “entreguerras”, sobre todo la expresionista y la surrealista. Encontramos en Goya, principal antecesor de estas corrientes, dos obras sobre el caballero, una en la que los dos personajes principales se encuentran en pleno apaleamiento con un toque épico y castellano, y un grabado sobre los “monstruos de la sinrazón” del capítulo 11 que surgen de la propia cabeza de Cervantes, que antepone lo que más tarde serían las pinturas negras de la Quinta del Sordo. También los magníficos Gustavo Doré y Honorato Daumier realizaron obras excelsas en su campo.
3 don quijote y el arte

En las décadas centrales del siglo XIX, en la estela del movimiento romántico, cuando la ilustración gráfica ocupaba un lugar central en el arte, fue posible hacer pintura avanzada inspirándose en la gran novela de Cervantes. Ese fue el caso, por ejemplo, de las geniales versiones de Honoré Daumier. En 1870, un Paul Cézanne, romántico rezagado, pintaba todavía un Don Quichotte sur les rives de Barbarie. Hacia 1900, a medida que crecía la pretensión de autonomía de la pintura (que pronto llevaría a la invención del arte abstracto), la inspiración literaria fue desplazada hacia los márgenes del territorio de las artes visuales. Sin embargo, en la sucesión de las vanguardias del siglo XX, hubo un movimiento que volvió a someter lo visual al dictado de la literatura, restaurando la vieja idea del arte como ilustración: el surrealismo. Los surrealistas llevaron a las artes visuales muchos mitos y viejos relatos, y el Quijote, con sus equívocos delirantes entre la literatura y la vida, entre la fantasía y la realidad, tenía que figurar entre ellos. Quizá por eso las mejores interpretaciones visuales de la novela de Cervantes en el siglo XX proceden casi siempre del surrealismo. El primer artista del grupo que se ocupó de don Quijote fue probablemente André Masson (1896-1987), enamorado de España y de sus poetas. En 1935 pintó un cuadro basado en el episodio del encuentro de Don Quijote con el carro o carreta de Las Cortes de la Muerte (Cleveland Museum of Art); en la novela, el hidalgo, disuadido por Sancho, renuncia a pelear con los cómicos disfrazados, pero Masson lo pinta acometiendo lanza en ristre a la figura de un esqueleto que encarna la Muerte (los esqueletos abundan en la obra española del pintor de este momento).  En 1937 dedicaba Picasso un mítico dibujo a tinta a las cabezas de Don Quijote y Sancho, donde el escudero aparece de frente en primer término y en cierta medida desplaza a su señor. En su doble condición de español y surrealista militante, Salvador Dalí estaba llamado a ser el más famoso de todos los ilustradores del Quijote después de Doré. En sus dibujos y acuarelas, realizados en 1945 para una versión inglesa de la novela cervantina que se publicaría en Nueva York, combina motivos estereotipados de su pintura: sus figuras espectrales se mueven en un paisaje de llanuras infinitas y grandes apariciones escenográficas, ante cielos cuajados de visiones. Una década después, en 1957, Joseph Forêt le encarga a Dalí una serie de litografías para otra edición ilustrada del Quijote, y el artista decide entonces desplegar un repertorio de técnicas experimentales que se aproximan al informalismo a la moda. Hacia la misma época, otro artista español que había forjado en Vallecas su versión personal de la imaginería surrealista, el escultor Alberto Sánchez, crea, en su remoto exilio soviético, una serie de dibujos sobre el Quijote, destinados a la superproducción de Kosintsev de 1957, a la que a veces se ha considerado la mejor película jamás filmada sobre la novela de Cervantes.

El Quijote como tema pictórico viajó a los Estados Unidos en el equipaje del surrealismo. A mediados de la década de 1940, el mismísimo Jackson Pollock pintó un cuadro titulado Don Quixote: una pintura semi-abstracta, no muy afortunada, donde se puede entrever una figura a caballo formada por planos cuadrangulares. Un amigo de Pollock, el escultor norteamericano David Smith, producía en 1952 una serie de siete litografías dedicadas al mismo tema, estampas expresionistas coloreadas algunas de ellas con gouache. Muchos años después, otro de los grandes creadores vinculados al automatismo abstracto, es decir, a la transición entre el surrealismo francés y expresionismo abstracto americano, el chileno Roberto Matta, iba a explorar, en la década de 1970 el tópico cervantino en unas pinturas de colores brillantes y atmósfera etérea. En fin, y todavía más recientemente, otro artista formado en el surrealismo, Antonio Saura, realizó una serie de 133 dibujos a tinta china, aguada, acrílicos y lápiz, para una edición del Quijote que en 1988 fue premiada por el Gremio de Libreros y el Consejo Municipal de Leipzig.

 

También  ha habido creaciones escultóricas notables dedicadas al ingenioso hidalgo. El Don Quijote de Julio González (1929-30, hierro forjado y soldado, Musée National d’Art Moderne, París) no representa un episodio concreto del libro de Cervantes, sino una esencia, un arquetipo. Su figura se yergue tan tiesa como la lanza que sostiene, pero en contrapunto, el contorno de su cuerpo dibuja una curva panzuda, que deja en medio un gran vacío; esa curva sugiere el grotesco volumen de Sancho Panza, como si escudero y caballero se hubieran fundido misteriosamente en una sola figura. Más dramática es la versión de la escultora Germaine Richier, a medio camino entre el surrealismo y la sensibilidad existencialista de la posguerra. Su Don Quichotte de la Forêt (Walker Art Center, Minneapolis), una figura de bronce de más de dos metros de altura, tan delgada y rugosa como las de Giacometti, sostiene en una mano la lanza y alza la otra mano como en un gesto profético. El Quijote de Richier tiene mucho de insecto, de absurdo bicho kafkiano, pero al mismo tiempo irradia una imponente dignidad, el resplandor de un verdadero héroe vencido.
7 don quijote y el arte