La segunda edición de DRAWING ROOM MADRID se desarrolla desde el miércoles 22 hasta el domingo 26 de febrero, siendo  una de las pocas ferias españolas que coloca en el centro de la escena de las artes visuales actuales la inequívoca presencia del dibujo contemporáneo. Se trata de una loable intención, ya que durante mucho tiempo esta disciplina padeció un cierto olvido o fue considerado como un hermano menor que pedía poco pan. Hay que agradecer a Mónica Álvarez Careaga y a su equipo el que haya conseguido plantar la bandera del dibujo en Iwo Jima entre la vorágine y aturdimiento de ferias y actividades relacionadas con la Semana del Arte que se celebra en Madrid. Entra tanta confusión y festejo aparece en el número 12 de la calle Velázquez un remanso en aparente quietud. Absolutamente radical, radicalísimo, porque se refiere a la raíz, al origen de las cosas, a lo más auténtico. Y eso es el dibujo o debería serlo. Un toque de atención a la dispersión que todos hemos generado o contribuido a generar. Volvamos al dibujo e imaginemos, y no necesariamente en este orden. Su capacidad comunicativa es excelente: Figurativo, abstracto, monumental, tridimensional, performativo, narrativo, sensorial y siempre vital. Dadme un punto de apoyo y moveré el mundo, dadme un lápiz y encontraré el punto de apoyo. Su aparente falta de medios es solo aparente, detrás hay todo un ejército de músculos que obedecen en perfecta formación a lo que ordena el cerebro.

Drawing es una feria interesante y responsable -aquí sinónimo de sostenible- que ha sabido escoger perfectamente su tiempo a pesar de convivir entre tanto certamen. O se está para ofrecer algo o no se está. Y Drawing tiene cosas que ofrecer, lo tuvo en su primera edición y lo tiene aún más en ésta que nos ocupa para ampliar lo inicialmente dicho. La labor del equipo curatorial es estupenda. La distribución de las salas y sus contenidos ayuda a la lectura de la feria. Reitero, a su lectura, porque algo así o se lee bien o no se disfruta. Uno va a leer y a pasárselo bien, sino para qué están los directores y los comisarios; ellos tienen que proveer a la muestra de una sintaxis narrativa acertada. Han logrado que ante la variedad de autores, todos conecten bien. En muchas muestras cada obra expuesta parece que hace la pelea por su cuenta, y empequeñece a sí misma y a las que tiene al lado. Aquí no, el contraste ayuda y la confrontación se agradece, sino, fíjense, y solo es un ejemplo entre otras muchas confrontaciones posibles, en las obras de Lutgens y Agrela.  Basta con doblar un poco la mirada y nos daremos cuenta en seguida que funcionó. Y curiosamente, una vez comparados ambos,  me parece mucho más connotativa la obra de la autora española y denotativa la del belga. Milagro de las comparaciones y de la confrontación entre autores: la ironía y la agresividad pasó de uno a otra en un instante. Pido perdón porque a buen seguro me llamarán incoherente aquellos que me leyeron hace un par de semanas cuando tracé una semblanza del trabajo de ambos por separado y sin contemplar sus obras in situ, y saqué unas conclusiones diferentes a las que ahora me atrevo a exponer.

En esta feria, cada estancia es una página a disfrutar, o cuando menos a desentrañar. Hay mucha solvencia artística, modestamente creo que no en todos los artistas que participan, pero sí en un elevado número y eso es radical, lo más radical que puede pasar hoy. Solvencia intelectual y  solvencia en el oficio. Entonces estamos hablando de una feria solvente.

16.- William Ludwig LUTGENS, Untitled Drawings, 2015, Courtesy A01 Fine Art Gallery.