La habitación de Arles nos muestra su evidente ansiedad por consolidar su amistad con Paul Gaughin, una amistad que el destino entorpeció siempre.

A su llegada Arles,Vincent van Gogh (1853 – 1890) se instala en un modesto hotel, pero pronto inicia la búsqueda de un alojamiento en mejores condiciones. Alquila la “casa amarilla” denominada de esta manera por el color de su fachada. Desbordante de alegría por su luminosidad interior, explica a su hermano Theo cómo piensa amueblar su dormitorio, enviándole incluso un plano elaborado por él mismo. “… El color debe hacerlo todo aquí, dando por su simplificación un estilo más grande a las cosas y ser sugeridor del reposo absoluto o del sueño en general”. A pesar de esta descripción llena de un optimismo casi infantil, su hipersensibilidad de carácter convierte la imagen más idílica en tensión e inestabilidad. Meses más tarde el juego cromático de la estancia se volverá contra él. Pero mientras tanto continuará compartiendo con Theo las sensaciones que le transmite su habitación, los colores empleados, violetas para las paredes, amarillos intensos para sábanas y almohadas, rojo escarlata para la colcha. El interpretará a su modo el retrato de su gabinete, suprimiendo las sombras, recayendo toda la expresividad de la obra en los toscos muebles de madera y en el violento empleo del color.

En Vincent van Gogh se da la paradoja de ser al mismo tiempo uno de los pintores contemporáneos más difundidos a nivel popular y un hombre, en la mayoría de las ocasiones, mal comprendido, sujeto a todo tipo de osadas conjeturas y seudocientíficas explicaciones. Lo cierto y verdad es que Van Gogh, en el plazo de una década, realiza una labor de ruptura semejante en importancia a la de Cézanne o Pisarro.

Su existencia desgraciada, su destino dramático, el esfuerzo titánico por conseguir una adaptación al medio nunca lograda, nos hace, sin duda, atractiva su obra por lo que conlleva de intrínsecamente humana, pero no es suficiente para abordar su obra. La biografía influye, el estudio sociocrítico del arte resulta importante, pero la obra artística habla sola, y la de Vincent se defiende por sí misma.

La estancia en Arles, a donde se traslada en febrero de 1888, huyendo de la agitación de Paris, es el momento de máxima plenitud artística. Su correspondencia refleja un entusiasmo sin precedentes. La inspiración que sobre él ejerce el Midi francés se deja notar en todas sus obras. “Un sol, una luz que a falta de algo superior no puedo sino llamar amarilla, amarillo de azufre pálido, limón pálido, oro” afirma con el convencimiento del que considera que su suerte va a cambiar.

De forma paulatina sus lienzos se pueblan de retratos, trigales, naturalezas muertas y arboles en flor, emplea colores tan intensos que hasta ahora nadie había empleado. Su expresionismo arroja de los objetos las sombras, la tibieza de los matices, aleja de su pintura los cánones consolidados durante varias décadas de arte. Un vitalismo desconocido invade su vida, incluso comienza a cuidar algo más su vida social. Van Gogh abandona la técnica impresionista, sustituyendo la pincelada menuda por amplias masas cromáticas planas, que destruyen las sombras, restituyendo así a los objetos la plenitud morfológica perdida. Es en Arles, donde Vincent se revoluciona más a sí mismo, tratando de plasmar en sus telas la esencia de las cosas mediante la aplicación del color. A pesar de todo, el rechazo que sienten las gentes de la localidad por él le sumen en una profunda angustia, confirmando su soledad y el trágico desenlace que acontecerá unos meses después. Vincent se refugia en el alcohol y en sus lienzos.

En el mes de octubre acontece uno de los sucesos que ha posibilitado, entre otros, que el artista holandés se convierta en un icono del arte moderno. Se trata de su incidente con el pintor Gaughin, uno de los pocos amigos que le quedaban. El carácter fuerte y excéntrico de ambos origina una pelea, de la que Gaughin a punto está de ser acuchillado por su amigo. Arrepentido, al regresar a su casa dirigió el arma contra sí mismo, cortándose parte de la oreja izquierda. Esta acción la acompaña con el envió del miembro mutilado a un burdel de la ciudad. Al día siguiente Gaughin regresa a París desoyendo las excusas de Vincent. Días después, a petición de Theo, aceptará ser internado en el hospital-manicomio de Saint-Remy, en donde, durante sus periodos de lucidez, llegaría a realizar casi doscientas obras.

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El año y medio transcurrido en Arles constituye el período de su existencia más prolífico. Allí nacieron parte de sus más bellas pinturas, sacadas a la luz con toda la fuerza que Vincent alimentaba en su interior y que necesitaba exteriorizar. Muchas obras son una premonición de lo que en el futuro se denominará “expresionismo”. Una de las características principales de esta obra radica en el emparejamiento que presentan los objetos: dos sillas, dos almohadas, dos botellas, dos jarras y dos retratos. Tal vez por la idea que poseía Vincent de consolidar su amistad con Paul Gaughin, al que esperaba con ansiedad; una amistad que el destino entorpeció siempre. Como vemos, la corriente psicológica siempre ha cobrado una gran importancia en el análisis de la obra vangoghiana. Advirtiendo los inconvenientes que un uso desmedido puede hacerse de ella, es cierto que algunos símbolos son tan evidentes que no cuesta demasiado establecer alguna conexión de significado. Es el caso de esta duplicación de objetos y de otros ejemplos. La silla del cuarto era en realidad de madera más clara. El amarillo que utiliza el pintor se realiza bajo un punto de vista simbolista: el amarillo es el color de la luz del sol. De forma paulatina sus lienzos se pueblan de retratos, trigales, naturalezas muertas y arboles en flor, emplea colores tan intensos que hasta ahora nadie había empleado. Su expresionismo arroja de los objetos las sombras, la tibieza de los matices, aleja de su pintura los cánones consolidados durante varias décadas de arte. Un vitalismo desconocido invade su vida, incluso comienza a cuidar algo más su vida social. Van Gogh abandona la técnica impresionista, sustituyendo la pincelada menuda por amplias masas cromáticas planas, que destruyen las sombras, restituyendo así a los objetos la plenitud morfológica perdida. Es en Arles, donde Vincent se revoluciona más a sí mismo, tratando de plasmar en sus telas la esencia de las cosas mediante la aplicación del color. A pesar de todo, el rechazo que sienten las gentes de la localidad por él le sumen en una profunda angustia, confirmando su soledad y el trágico desenlace que acontecerá unos meses después. Vincent se refugia en el alcohol y en sus lienzos. Esta transposición cromática será fundamental en su poética de colores. La pincelada de Vincent se aplica en capas espesas y visibles. Utiliza las pinturas directamente del tubo, sin matizarlas con la unión de otros colores antes de su aplicación en el lienzo, como es la costumbre. En el mes de octubre acontece uno de los sucesos que ha posibilitado, entre otros, que el artista holandés se convierta en un icono del arte moderno. Se trata de su incidente con el pintor Gaughin, uno de los pocos amigos que le quedaban. El carácter fuerte y excéntrico de ambos origina una pelea, de la que Gaughin a punto está de ser acuchillado por su amigo. Arrepentido, al regresar a su casa dirigió el arma contra sí mismo, cortándose parte de la oreja izquierda. Esta acción la acompaña con el envió del miembro mutilado a un burdel de la ciudad. Al día siguiente Gaughin regresa a París desoyendo las excusas de Vincent. Días después, a petición de Theo, aceptará ser internado en el hospital-manicomio de Saint-Remy, en donde, durante sus periodos de lucidez, llegaría a realizar casi doscientas obras. Vincent realizó tres versiones de La alcoba de Van Gogh en Arles. La primera data de octubre de 1888, cuando aguardaba en Arles la llegada de su amigo Paul Gaughin (1848-1903). Se conserva en la actualidad en el museo Van Gogh de Amsterdam. La segunda está expuesta en el Art Institute de Chicago, y la tercera en el Musée d´Orsay en París. Las tres versiones presentan mínimas diferencias de color y detalle. Van Gogh se suicidaría diez meses después de pintar la última versión de la habitación, en 1889, mientras se recuperaba de una crisis nerviosa en un manicomio de Saint Remy. Una de las características principales de esta obra radica en el emparejamiento que presentan los objetos: dos sillas, dos almohadas, dos botellas, dos jarras y dos retratos. Tal vez por la idea que poseía Vincent de consolidar su amistad con Paul Gaughin, al que esperaba con ansiedad; una amistad que el destino entorpeció siempre. Como vemos, la corriente psicológica siempre ha cobrado una gran importancia en el análisis de la obra vangoghiana. Advirtiendo los inconvenientes que un uso desmedido puede hacerse de ella, es cierto que algunos símbolos son tan evidentes que no cuesta demasiado establecer alguna conexión de significado. Es el caso de esta duplicación de objetos y de otros ejemplos. La silla del cuarto era en realidad de madera más clara. El amarillo que utiliza el pintor se realiza bajo un punto de vista simbolista: el amarillo es el color de la luz del sol, de la transparencia, de la felicidad. Esta transposición cromática será fundamental en su poética de colores. La pincelada de Vincent se aplica en capas espesas y visibles. Utiliza las pinturas directamente del tubo, sin matizarlas con la unión de otros colores antes de su aplicación en el lienzo, como es la costumbre. Otra inevitable asociación nos lleva a la observación de esa ventana entreabierta hacia el interior del gabinete, lo que implica un mayor deseo de accesibilidad al mundo exterior; pero es curioso advertir que no se distinga nada por fuera. La habitación se basta a sí misma, sin resultar en ningún momento claustrofóbico, tal vez por el uso de una perspectiva casi plana influida por la sencillez del grabado japonés, muy difundidos por entonces en Europa, y que tanto admiraba el autor. Otra inevitable asociación nos lleva a la observación de esa ventana entreabierta hacia el interior del gabinete, lo que implica un mayor deseo de accesibilidad al mundo exterior; pero es curioso advertir que no se distinga nada por fuera. La habitación se basta a sí misma, sin resultar en ningún momento claustrofóbica, tal vez por el uso de una perspectiva casi plana influida por la sencillez del grabado japonés, muy difundidos por entonces en Europa, y que tanto admiraba el autor. Continuando nuestro recorrido por algunos detalles de la obra, de nuevo el color nos acerca a la psicología cambiante del holandés. Van Gogh era consciente del impacto emocional que tenía un uso cromático determinado. No reproducía con exactitud los objetos, sino que se valía arbitrariamente de él para “expresarme de forma más convincente”. El color del suelo de la habitación original era de ladrillo rojo. En las sucesivas versiones de la pintura se va oscureciendo, al igual que el destino de Vincent. Se pasa de un rosa oscuro a un color marrón que confiere al cuadro un carácter más sombrío que revela el estado de ánimo del pintor. La coloración blanca de las paredes las convierte grises y violetas, creando armonías de color con los restantes elementos de color de la estancia, como las ventanas, la cama y las sillas. Los contornos muy marcados con los que rodea los objetos –véase la cama– también ha sido objeto de concienzudos análisis. Acostumbra a llenar de espesas capas de color uniforme esas masas pictóricas que ha delimitado con un trazo, que casi impermeabiliza de todo lo exterior, como su propia vida, y que pone rostro al exterior con los dos retratos que cuelgan de la pared encima de la rústica cama, tan de moda en el Midi francés. En la tercera versión se identifican perfectamente: el de la izquierda es un autorretrato; el de la derecha se trata de un retrato de su hermana Wil.

“Esta vez se trata únicamente de mi habitación; sólo que aquí el color ha de serlo todo, y su simplificación, que da una mayor grandiosidad a las cosas, pretende evocar el descanso o el sueño en general. En una palabra, al mirar el cuadro debería reposar la mente, o más bien la imaginación”.

Diego Casillas   Editor Millennialsart.com