El Museo Británico exhibe “Del pop al presente. El sueño americano”, una recopilación sin precedentes de obra gráfica de los grandes artistas estadounidenses de los últimos 60 años, y el Guggenheim Bilbao presenta “Expresionismo Abstracto”, una ambiciosa selección de obras de los artistas que protagonizaron un giro radical y una etapa de nuevo esplendor de la pintura en el Nueva York de la década de 1940.

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La primera de ellas (históricamente el pop art siguió al expresionismo abstracto) sucede en el tiempo a la que la Royal Academy dedicó al expresionismo abstracto y coincide con la que la Tate Modern dedica a Rauschenberg.

Se trata de más 200 piezas de 70 artistas que muestran el músculo creativo del arte norteamericano de posguerra. En un mundo consumista y marcado por la publicidad autores pioneros como Rauschenberg y Johns flexibilizan la rigidez psíquica y misteriosa del expresionismo abstracto y acercan la obra pictórica al gran público. Las vistosas obras de Johns, Lichtenstein, Warhol, entre otros, ponen el punto de partida a un concepto de arte más popular e identificable, un realismo cargado de optimismo y conceptos de difusión y distribución nunca vistos hasta ahora. Los artistas descubrieron las posibilidades del grabado y lo convirtieron en un poderoso medio para distribuir su mensaje entre los consumidores de arte, cada vez más masivos. La producción del arte se había convertido en un trabajo seriado en el que varias personas trabajaban en un fin común.

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La mayoría de las obras expuestas en el British Museum son de titularidad propia y constituye una especie de continuidad de la recordada exposición de 2008 “La escena americana: grabados de Hopper a Pollock”.  A lo largo de once salas, alguna de ellas recién habilitada para la ocasión, podremos observar con gran coherencia el tránsito del arte pop a nuestros días, contextualizado perfectamente en los diferentes sucesos relevantes que tuvieron lugar durante aquellos días (Vietnam, jazz, cuestionamientos sociales, el terrorismo, la muerte de Kennedy, el movimiento gay, el crack financiero, el sida…). Sol LeWitt, Warhol, Lichtenstein,  Katz, Judd, Guerrilla Girls, Ruscha, Estes, Bochner, Rauschenberg, Johns, son algunos de los protagonistas de una de las mejores exposiciones que se podrá contemplar hasta el 18 de junio.

En Bilbao, hasta el 4 de junio, se exhibe la monumental exposición “Expresionismo Abstracto” en colaboración con la Royal Academy of Arts de Londres, cuyos comisarios son David Anfam, Edith Devaney y Lucía Agirre.

El Expresionismo Abstracto fue un movimiento que escapó de toda fórmula establecida y supuso una celebración de la diversidad y la libertad individual. En su mayoría se trataban de lienzos de escala colosal, son obras en ocasiones intensas, expresivas y espontáneas, y en otras contemplativas, redefinieron la naturaleza de la pintura. Para Pollock es el espectador quien concluye la obra, existiendo una estética de la recepción absolutamente subjetiva.

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El Museo Guggenheim Bilbao presenta Expresionismo Abstracto, una ambiciosa selección de obras de los artistas que protagonizaron un giro radical y una etapa de nuevo esplendor de la pintura en el Nueva York de la década de 1940. Jackson Pollock, Mark Rothko, Willem de Kooning, Robert Motherwell, David Smith o Clyfford Still son solo algunos de los artistas presentes en una muestra que reúne más de 130 pinturas, dibujos, esculturas y fotografías procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo. Esta exposición arroja una nueva luz sobre el Expresionismo Abstracto, un fenómeno diverso, complejo y poliédrico a menudo erróneamente percibido como un todo unificado.

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La vibrante energía que emana de estas pinturas, esculturas y fotografías expresa el dinamismo de uno de los movimientos más influyentes del arte del siglo XX, que tuvo su origen en Nueva York y se convirtió en una tendencia internacional. Adoptando la abstracción formal, los artistas desarrollan una libertad expresiva sin antecedentes en la historia del arte. Si bien el Expresionismo Abstracto constituye un fenómeno rupturista, sus principales figuras recurrieron a fuentes tan heterogéneas como el arte primitivo, el Romanticismo alemán, el Surrealismo, el Cubismo o el Expresionismo y recibieron la influencia de grandes maestros, como El Bosco o Rembrandt. Tanto las biografías de muchos de los expresionistas abstractos, jalonadas de abundantes episodios dramáticos o difíciles, como el contexto internacional posbélico en el que desarrollaron su arte contribuyeron a la intensidad que se aprecia en la mayoría de estas piezas, que abarcan el amplio espectro de la existencia humana, desde los aspectos más terrenales hasta temas poéticos, míticos e incluso trascendentes.

En 1950, un grupo de pintores de Nueva York se reunían a toda prisa en el apartamento de uno de ellos para redactar una carta de protesta contra el Metropolitan Museum of Art, al que acusaban de ofrecer una visión reaccionaria de la pintura contemporánea americana y de despreciar el arte moderno. Habían sido excluidos de la muestra American painting today y la virulencia de aquel escrito les valió el apelativo de “irascibles”. Poco después fueron inmortalizados por Nina Leen para la revista Life. Y ahí están, serios y desafiantes, Willem de Kooning, Mark Rothko, Jackson Pollock, Clyfford Still, Robert Motherwell, Barnett Newman o Hedda Sterne (la única mujer del grupo, también la única que parece querer esbozar una sonrisa). Es la única fotografía de grupo que existe de los expresionistas abstractos, y el Guggenheim Bilbao la ha colgado en el espacio didáctico (no deja de encerrar una gran lección) de camino hacia la colosal exposición que por primera vez en más de 50 años vuelve a reunir a este lado del Atlántico a unos artistas que coincidieron en un momento y en un lugar (EE.UU., durante y después de la II Guerra Mundial) y a los que si algo identifica como movimiento, mucho más rico y complejo de lo que erróneamente se ha percibido, es la defensa que todos ellos hicieron de la diversidad y la libertad individual.

“Expresionismo abstracto”es una muestra monumental al reunir a 33 artistas y más de 130 pinturas, dibujos, fotografías y esculturas, muchas de ellas de dimensiones extraordinarias, procedentes de colecciones públicas y privadas de todo el mundo

David Anfam, comisario de la exposición junto a Lucía Agirre, prefiere hablar de “fenómeno” más que de “movimiento”. Los artistas se conocían bien entre ellos pero no hubo ni manifiestos ni compartían relaciones estilísticas relevantes. Lo más parecido fue una carta que enviaron Rothko y Gottlieb a The New York Times en 1943, en la que dejaban caer algunas pistas sobre los fundamentos del expresionismo abstracto: “Estamos a favor de la expresión simple del pensamiento complejo”, escribieron, y objetaban contra el ideal del arte puro y autorreferencial: “No existe ningún cuadro de valor que no trate de nada. Reafirmamos que el tema resulta crucial y que sólo tiene valor aquel tema que sea trágico e intemporal”. Porque lo cierto es que a partir de la década de 1940 apareció en Nueva York un grupo de artistas que producía obras de una gran vitalidad, enormes formatos que parecían impelidos por la urgencia, ya fuera a través de inmensos campos de color, goteos dinámicos, cortes o salpicaduras. Bebían en los mismos bares, como la cafetería del Waldorf, entre una clientela compuesta mayoritariamente por taxistas, vagabundos y carteristas, y en 1949 De Kooning, Kline y Reinhardt, entre otros, fundaron The Club, donde discutían de arte y los fines de semana, cuando podían costearse la bebida, consumían alcohol en vasos de papel. “De tales jolgorios surgió una imagen del artista de Nueva York hostil y, muy a menudo, ebrio”, estereotipo que sin embargo no casaba con todos, como apunta Carter Ratcliff.

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El tópico los asocia de forma colectiva con el alcohol, el divorcio, la depresión, el suicidio o la muerte trágica. Y es verdad que hubo de todo ello: Pollock tenía sólo 44 años cuando el viejo Chrysler descapotable que conducía se estrelló contra un árbol. También se ha hablado de un arte de hombres, pero hubo mujeres artistas, como Hedda Sterne (ausente de la muestra de Bilbao), Joan Mitchell o Lee Krasner. “Siempre seré la señora Pollock”, se quejaba esta última, de quien en la exposición cuelga el terroso El ojo es el primer círculo, al lado de la Elegía a la República Española de Robert Motherwell y al maravilloso Mural que Pollock realizó para la entrada del apartamento de Manhattan donde vivía su mecenas, la coleccionista Peggy Guggenheim. Porque será un arte de hombres –la muestra trata de desmentirlo, aunque la presencia de obra de artistas mujeres es escasa– pero quienes lo apoyaron desde primera hora y lo pusieron en el mercado fueron dos mujeres: la propia Peggy y la galerista Betty Parsons.

Esta es la primera vez que el expresionismo abstracto desembarca en Europa desde que en los cincuenta el MoMA New York envió dos expediciones a diferentes ciudades europeas, entre ellas Barcelona.