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La sinestesia es la capacidad que tiene algunas personas de percibir con varios sentidos un mismo estímulo. Por ejemplo, un sinestésico puede escuchar los colores, degustar el tacto o ver los sonidos entre otros. Según Eduard Punset, esto se produce los dos primeros años de vida cuando las neuronas empiezan a realizar conexiones sinápticas mientras otras mueren. Este proceso se conoce como “poda”. Un sinestésico ha realizado más conexiones neuronales que el resto de las personas, o lo que es lo mismo, en este proceso inicial conocido como “poda” han muerto menos neuronas o se ha producido un fallo en este estadio de desarrollo neuronal. Otros creen que se debe a una mutación del cromosoma X, lo que explicaría que hubiera más mujeres sinestésicas que hombres.

En el mundo del arte han existido sinestésicos que han basado su obra en esta extraña capacidad. Kandinsky, Baudelaire o Nabokov poseían esta habilidad pero queremos centrarnos fundamentalmente en los tres compositores sinestésicos más famosos, dos rusos y un francés: Scriabin, Rimsky-Korsakov y Messiaen.

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Las sinestesias más frecuentes aúnan percepciones visuales y auditivas, de modo que los sonidos, las palabras o la música evocan simultáneamente la visión de colores. A la exploración de estos sujetos lo más habitual es que al enseñarles números y letras evoquen un color determinado, o determinados sonidos se acompañen también de visión de colores. Otras sinestesias más raras incluyen sensaciones táctiles al escuchar sonidos, percepción de sabores al ver determinados objetos, o percepción de olores en relación con el tacto. Una de sus características principales es que son involuntarias.

Se estima que las sinestesias tienen una frecuencia de una por cada 2000 personas. La causa del trastorno es desconocida. Se cree que puede haber algún factor genético asociado, ya que existe agregación familiar. Es más frecuente en mujeres que en hombres. Los sujetos sinestésicos tienen la misma prevalencia de procesos psicopatológicos que la población general. No hay evidencia de que este trastorno perceptivo conlleve una mayor inclinación hacia las artes, aunque sí se sabe de muchos artistas –pintores y compositores principalmente- que veían colores al escuchar música.

               Scriabin, Messiaen y Rimsky, tres compositores cromáticos.

Dentro de los compositores, como paradigma del músico con sinestesias, se menciona habitualmente el nombre del ruso Alexander Scriabin (Moscú, 1872–1915). Scriabin estrena en 1910 Prometeo. Además de su acorde místico (do, fa sostenido, si bemol, mi, la, re), esta obra sinfónica incluye un juego de luces en la sala mientras se interpreta la obra: el Clavier à Lumières es un órgano de luces que proyectaría en la sala determinados colores acompañando la interpretación musical, composición visual del propio Scriabin según sus experiencias sinestésicas. Las expectativas de Scriabin no se vieron satisfechas por las rudimentarias técnicas de iluminación de su tiempo, y el misticismo que acompañaba las manifestaciones de Scriabin acerca de lo que veía y sentía tampoco ayudó a su correcta comprensión. Es interesante resaltar que la visión de colores no la asociaba Scriabin a notas aisladas, sino a acordes y sobre todo a cambios de tonalidad. Aunque es frecuente en individuos sinestésicos que la visión de un número evoque un color concreto (por ejemplo ver un tono de verde al visualizar un 5), no suele ser la emisión de una nota aislada o un ruido el que evoque la visión de un color, aunque puede producirlo. Las experiencias son más habituales con música, sobre todo si ésta incluye variedad de acordes y cambios frecuentes de tonalidad, o ésta no acaba de definirse, como ocurría con determinadas músicas de su época. Las obras musicales “coloristas” provocan con más facilidad el fenómeno. Scriabin señalaba que la música de Beethoven raras veces le evocaba colores, mientras que la escucha de obras de Rimsky-Korsakov sí.

 

El particular universo cromático wagneriano proporcionó a Kandinsky una de sus primeras y más intensas experiencias sinestésicas, durante una representación de Lohengrin en Moscú: “los violines, los contrabajos, y muy especialmente los instrumentos de viento personificaban entonces para mí toda la fuerza de las horas del crepúsculo. Mentalmente veía todos mis colores, los tenía ante mis ojos”.  Al igual que Scriabin, el pintor se interesó más en la disonancia de color y música para evocar esas percepciones que producían emociones más intensas en la degustación del arte. Las sinestesias de Kandinsky poseían gran sensorialidad, presentándose tanto a nivel visual, como acústico y táctil. A sus más ambiciosas obras las llamó Composiciones, lo que probablemente conlleva una metáfora musical. A través de ellas intentó ejercer sobre el espectador un impacto como el que podría sentir con la música. Las teorías tonales de Scriabin van parejas a las de Kandinsky y ambos pretendieron encontrar equivalencias entre sonido, color y sentimiento. La música de Schoenberg trazaría un paralelismo nada casual con la obra pictórica de Kandinsky: el cromatismo libre, la disonancia no resuelta y el posterior modelo dodecafónico fueron transformaciones hondas de la música que firmó a su manera Kandinsky en las artes visuales. La constante referencia a la música y a la metáfora musical en su obra De lo espiritual en el arte parte de estas teorías y experiencias que aúnan forma, sonido y color. En su autobiografía Recuerdos, Serguéi Rajmáninov grabó una conversación que él había tenido con Scriabin y Rimski-Kórsakov (quien también poseía la condición) acerca de la habilidad sinestésica de Scriabin. Rajmáninov se sorprendió al darse cuenta de que la asociación entre notas y colores era la misma en ambos, aunque escéptico, luego logró darse cuenta de que Scriabin asociaba un Mi bemol con púrpura, mientras que Rimski-Kórsakov con azul. Sin embargo Rimski-Kórsakov protestó que un pasaje de la ópera de Rajmáninov El caballero avaro sustentaba su asociación; la escena en la que el viejo barón abre un baúl con un tesoro lleno de oro y joyas brillando estaba escrita en Re; es decir en amarillo oro. Scriabin escribió a Rajmáninov diciéndole que “su intuición ha seguido inconscientemente las leyes que su razón ha negado”.

 

Olivier Messiaen  (1908-1992) es uno de los compositores más importantes del s.XX.  Músico francés nacido en Avignon, estudió órgano y composición en el conservatorio de París, entre otros con Paul Dukas. Escribió principalmente para órgano, piano, orquesta y  obras vocales. Compuso el  Quatuor pour la fin de temps (1941), una de sus escasas obras de cámara, mientras se encontraba en un campo de prisioneros de guerra. Profesor de música en la posguerra, entre sus alumnos figuran Pierre Boulez, Karlheinz Stockhausen e Iannis Xenakis. Messiaen desarrolló un lenguaje armónico muy personal, con influencias orientales, sobre todo en lo rítmico, y del canto de los pájaros, de los que transcribió literalmente su canto e influyeron de forma permanente en sus composiciones musicales. Su fuerte religiosidad marcó también la música que compuso. Y habría que añadir el color entre sus más personales rasgos.

           

            “Uno de los grandes dramas de mi vida consiste en decirle a la gente que veo colores cuando escucho música, y ellos no ven nada, nada en absoluto. Eso es terrible. Y ellos no me creen. Cuando escucho música  yo veo colores. Los acordes se expresan en términos de color para mí. Estoy convencido de que uno puede expresar esto al público.”

 

Los textos que dejó Messiaen acerca de su obra son aún más explícitos en las percepciones: en Vingt Regards sur l’Enfant Jésus , para piano (1944), Messiaen se refiere al azul-violeta en V, naranja, rojo y un poco de azul en XIII, rosa y malva en XVII, etc. Esta será una constante en casi todos los comentarios que dejó de sus obras: junto a las explicaciones referidas a instrumentación, origen de la obra y significado, frecuentes entre los compositores, nos deja las nada habituales descripciones detalladas de los colores que pueden verse, y los cambios de tonalidad de los mismos que tienen lugar, coincidiendo con la evolución de la música. Habría que precisar, no obstante, que junto a las percepciones sinestésicas de Messiaen,  pueden leerse también comentarios sobre los colores interiores, sugerencias al oyente, similares a los colores musicales que pintó Kupka.

 

Messiaen es un caso singular en la asociación de color y música, invirtiendo los términos incluso: del color a la música en lugar de la música al color. Los colores fueron la fuente de inspiración de una ambiciosa obra para orquesta. En un viaje a Estados Unidos visitó el Cañón del Colorado (Bryce Canyon, White Sage Valley y Zion Park) y de este encuentro nació Des canyons aux étoiles… , que puede presumir de ser una de las pocas obras musicales de la historia inspirada en los colores y el canto de los pájaros: “el color del conjunto es rojo, o, más concretamente un rojo-anaranjado-violeta. Se trata de una combinación cromática sencillamente admirable, que la naturaleza ha creado con perfección inusitada, y este abanico tonal se esparce por espacio de kilómetros y kilómetros, creando una comarca entera totalmente roja.”

La pasión por el color fue creciendo hasta el punto de afirmar en una entrevista que la relación color-sonido ocupaba el lugar más importante en una composición por encima de todos los demás, negándose a sí mismo, que en su juventud había manifestado que el componente principal de la composición para él era el ritmo.

millennialsart.3jpg                                                      Asociación de Scriabin entre notas y colores.

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Círculo de quintas cambiando gradualmente de color.

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            Rimski-Kórsakov (1844-1908): Este compositor ruso, además de poseer oído absoluto, poseía a una auténtica sinestesia de correspondencia música-color. Era capaz de asociar a cada sonido o nota musical un color determinado. Es conocido el encuentro que tuvieron Scriabin y Kórsakov y su debate acerca de sus capacidades sinestésicas reflejada en la autobiografía de Rachmaninov. Este último era escéptico en cuanto a estas habilidades pero entonces Kórsakov le hizo una revelación sobre una ópera suya. Rachmaninov en “El Miserable Caballero” musicaliza la escena en la que el barón abre un cofre lleno de oros y brillantes con la tonalidad de re. Tanto para Scriabin como para Kórsakov, esta tonalidad era de color amarillo o dorado. Pero cambiando de tema, debemos pensar, con esta asociación sinestésica perfecta, como Kórsakov vería su propio “Vuelo del Moscardón”. Debía ser un autentico recital de colores.

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