Mientras los grandes maestros del ajedrez mundial Carlsen y Karjakin se disputan el cetro mundial de campeones, las Fundaciones BBVA y Joan Miró están mostrando, con gran éxito en Barcelona, Fin de partida: Duchamp, el ajedrez y las vanguardias, una exposición que reúne cerca de 80 piezas, muchas de ellas jamás vistas en España, de algunos de los artistas fundamentales del siglo XX. La exposición, abierta hasta el 22 de enero de 2017, es una historia de las vanguardias artísticas contada desde un tablero de ajedrez por artistas de la talla de Paul Klee, Vasili Kandinski, Max Ernst, o el propio Duchamp.

El ajedrez, que históricamente había sido el pasatiempo intelectual de las clases altas, se popularizó a principios del siglo pasado, y se extendió entre todas las capas sociales. En ese contexto cultural se forma Marcel Duchamp, uno de los artistas centrales de la vanguardia, que dedicó buena parte de su vida al estudio del ajedrez. Duchamp llegó a competir en el campeonato nacional francés en 1925 y representó a su país en la Olimpiada de Ajedrez de 1933. Su afición por este juego era tan grande que le llevó a anunciar su retirada del arte para dedicarse exclusivamente al ajedrez, un ejercicio intelectual que consideraba “una forma de arte más puro”. En 1968, poco antes de su muerte, Duchamp pasa el testigo de su trabajo a los representantes del arte conceptual en una performance ajedrecística con el músico John Cage: una partida en la que el público podía escuchar el movimiento de las piezas sobre el tablero mientras contemplaba imágenes osciloscópicas en pantallas de televisión. “No todos los artistas son jugadores de ajedrez, pero todos los jugadores de ajedrez son artistas”, dijo alguna vez el hombre que exhibió un mingitorio en una de los movimientos más arriesgados de la historia del arte y que cambió la concepción absoluta de la cultura.

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Tal vez por esa devoción por Duchamp, muchos artistas contemporáneos sean apasionados del ajedrez: Hirst, Ernst, McCarthy, Ray, Tunga, Emin, Webster, Kusama, Noble, Turk, Mackie, Friedman entre otros.

“Estoy preparado para convertirme en un maniaco del ajedrez, todo mi entorno toma la forma del rey o la reina, y el mundo exterior no tiene más interés para mí que su transformación en posiciones ganadoras o perdedoras”, escribió Marcel Duchamp en 1919.

A partir de entonces, el juego de mesa sería una obsesión para Duchamp, que llegó a competir profesionalmente y obtener el título de maestro en el torneo francés de 1925. Con sus manos talló unas figuras en madera tradicional, y en 1943, un juego de cartera con fichas planas y 64 perforaciones a modo de escaques. Su amigo Man Ray se interesó más por el diseño que por el juego, y entre sus creaciones destaca una colección de figuras abstractas que presentó en la exposición Imágenes del ajedrez, en 1944, en Nueva York.  El juego del ajedrez ha producido una poderosa resonancia cultural, en la literatura y filosofía y como inspiración de la pintura y las artes aplicadas, de Lewis Carroll y J. K. Rowling, pasando por Cortázar, Borges o Dylan. Incluso en el campo del diseño, el ajedrez ha sido fuente inspiradora de diseñadores de relevancia mundial, como tuvimos ocasión de comprobar en la Semana del Diseño 2010 en la Feria del Mueble de Milán, la muestra más importante a nivel internacional de esta disciplina industrial. En su Project B invitaron a algunos de los principales artistas contemporáneos del mundo para presentar el juego del ajedrez en forma artística.

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Muchos de los artistas también eran aficionados al ajedrez.
La exposición de Milán representó siete tableros de ajedrez de tamaño real decorados por los artistas Tracey Emin, Tom Friedman, Damien Hirst, Barbara Kruger, Yayoi Kusama, Alastair Mackie, y Rachel Whiteread. Y en el mundo del cine grandísimos actores y directores han practicado esta actividad considerada por algunos como deportiva: James Dean, Charlie Chaplin, John Wayne, Marlon Brando, Katharine Hepburn, Bette Davis o Marlene Dietrich, la lista es interminable. Y en aquella época, el campeón de ajedrez húngaro-estadounidense Herman Steiner fundó en Los Àngeles el “Club de Ajedrez Steiner”, que posteriormente pasó a llamarse “Grupo de Ajedrez Hollywood”.

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El periodista y divulgador Leontxo García, uno de los tres mayores especialistas en ajedrez del mundo, en su inolvidable conferencia Ajedrez y arte, la conexión mágica, organizada en el marco de la exposición temática Expochess de Vitoria, versó sobre la condición artística de este deporte mental. “El ajedrez es arte cuando una partida muy brillante produce en el aficionado sensaciones parecidas a las de la Novena de Beethoven en un melómano o Las meninas de Velázquez en un amante de la pintura”, arguye el periodista que lleva escribiendo sobre ajedrez casi 30 años. El experto repasó anécdotas de muchos artistas, músicos y escritores que han sido amantes y jugadores de ajedrez, ya que hay una “conexión mágica” entre las disciplinas. Este nexo interdisciplinar se vio patente también en los participantes del concurso de pintura temática de ajedrez organizado por Expochess. José Manuel Sierra, promotor de este acontecimiento, explicó que “todos estos pintores son cercanos al ajedrez de alguna manera”. La obra ganadora fue una obra de Marta Ballvé. El cuadro, de técnica mixta y con pintura matérica, entusiasmo al jurado. Estaba elaborado mediante superposición de capas, relieves, materia orgánica y escritura. Dentro de todo lo abstracto del trazado, se ve claramente dibujado un tablero de ajedrez.

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Por todo ello, podemos afirmar que los artistas se han visto atraídos por el ajedrez desde hace siglos. El componente intelectual de este deporte suele ser el punto de conexión con el artista, que se siente intrigado por una actividad que puede representar un reto para su mente: El ajedrez considerado como una de las bellas artes.