Hasta el 2 de noviembre de 2016

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“La leche es veneno para mí. Soy alérgico a la lactosa. Si bebo un vaso es probable que muera. Este hecho la hace especialmente atractiva para mí: un líquido que me alimentó siendo un niño y que me permitió crecer sano y saludable, de repente se convierte en algo ciertamente peligroso. Me pregunté cómo rendirle tributo. Pensé entonces en construir una serie de contenedores para de alguna manera “depositar” y “preservar” el veneno. Una esquizofrénica perversidad sin importancia [risas]. Contenedores de leche o contenedores de de tóxicos. Quién sabe.”

La Galería Rafael Ortiz expone la obra más reciente del artista jiennense, afincado en Madrid, Jacobo Castellano. En esta muestra, la primera que dedica de forma individual la Galería Rafael Ortiz a este artista, se exhiben los tres conjuntos temáticos trabajados recientemente por Jacobo Castellano. Las obras exhibidas son un ejemplo claro del interés del autor por indagar en su propia genealogía, la experimentación autobiográfica y la relación histórico-artística de su entorno seleccionando materiales e iconografía propios de ambientes rurales jiennenses. “Contenedores, sepulcros y personajes” es el título de la primera exposición individual de Jacobo Castellano (Jaén, 1976) en la Galería Rafael Ortiz de Sevilla. El título nos ayuda a situar los tres conjuntos temáticos que componen esta muestra, que manifiestan el interés del artista por indagar en su propia biografía y por investigar aspectos histórico-artísticos de su entorno, y que evidencian su interés por el uso y relación entre sí de los objetos. Hace un año el artista comenzó a construir una serie de contenedores que tituló “contenedores de leche”. La serie continúa y algunos de ellos se podrán ver en esta muestra. Nada mejor que rescatar un extracto de una conversación con el artista para entender el porqué de estas esculturas: Si los “contenedores de leche” albergan veneno, los “sepulcros”, desde tiempos remotos, conservan cuerpos inertes. Los de la iglesia de San Francisco de Betanzos tienen un gran interés artístico e iconográfico. Castellano, fija su atención en el conjunto de tumbas que se disponen en las capillas laterales. Estos monumentos funerarios tienen un elemento en común: los perros de caza. Situados a los pies de cada uno de los ilustres personajes, estos canes aparecen como un atributo más que simboliza la grandeza del personaje en cuestión. La particularidad es que aparecen aprisionados entre las botas del difunto y la propia arquitectura que delimita el sepulcro, siempre despiertos, como esperando oír el disparo de su amo que les lleve a perseguir una presa herida. El interés de Castellano por estos sepulcros se plasma en una serie de fotografías que representan estas escenas absurdas que parecen ser un error en la concepción y diseño del sepulcro Por último, los “personajes” se sitúan en el espacio a modo de observadores. Esculturas antropomorfas construidas a base de maderas encontradas y de objetos que Castellano va recopilando durante años, unos relacionados con el juego, como bolas para jugar a los bolos y otros relacionados con actividades artesanales como la elaboración de calzado. El propio autor ha comentado en alguna ocasión que estos personajes no son más que la representación de sí mismo como un perdedor.

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