Agustín Valle: Texto

Manuel Vilches: Obra: Hering 2 – 9.

Los caminos, los senderos, los papeles. Nadie lo puede dudar: existe una antigua relación que une la presencia de los caminos y el hecho concreto de andar; se trata de la misma relación que pone en contacto la mano que dibuja con el dibujo que ella misma ha ido produciendo a fuerza de tiempo. El camino es tan directamente proporcional al caminante como el dibujo lo es a la mano que lo ha realizado. A lo largo de la historia de los caminos y dibujos han terminado por parecerse.

En este sentido, ¿podría hablarse de que el caminante no es más que un resultado del camino?¿Y que el dibujante lo es del dibujo producido?

Mano, en dibujo, entendida por esta vez como si fuera una pierna o unos pies, sino como el resultado de todo el conjunto del cuerpo del que camina o del que dibuja. En este sentido el que ha dibujado es tan mano como el que ha caminado es tan sólo unas piernas o unos pies residualmente utilitarios.

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Los caminos y los dibujos ¿se transitan o se transmiten? Porque estoy convencido de que la mayor parte de los caminos y de los dibujos que conozco siempre me los han contado, casi nunca los he encontrado por casualidad.

 

Voy a ponerme a caminar, voy a dibujar, como haber dicho: he caminado o he dibujado. Cosas que se van a hacer o que ya se han hecho en un tiempo pasado. Es tan cierto que a fuerza de andar se hace un camino como decir: a fuerza de mover la mano se hacen los dibujos. Pero en cualquier caso no puede ser recomendable mover demasiado todas las partes del cuerpo al mismo tiempo. El recorrido final, ya sea camino o dibujo, va a ser la parte más lógica y económica de entre todas las posibles. Para ir de un lado a otro no se deben de malgastar fuerzas, que siempre resultarán pocas al final. Lo que por otro lado no quiere decir que siempre tendremos que actuar en línea recta.

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Los verdaderos caminos son senderos sin rumbo como los dibujos son el resultado de ponerse a trazar simple y estrechas líneas sin que parezca plantearse un final demasiado claro. Lo importante es siempre el ritmo del caminante o del dibujante, más que la realización misma de una acción particular que nadie podrá recordar, fuera de sí mismo. Lo que hacen los caminos y los dibujos es ofrecernos múltiples posibilidades y que hay que saber escoger entre ellas. A la hora de trabajar, nuestra duda es nuestro impulso.

El dibujo es una mirada, su transcripción gráfica sobrepuesta en un trozo de papel. El acto de caminar no se enseña, como no se puede mostrar la acción de dibujar más que por algunos de sus síntomas más notorios y exteriores, esto es, por medio de la existencia de caminos o por la presencia evidente de dibujos. No conviene caminar por cualquier parte como no se puede ponerse a dibujar sin sentido o al buen tuntún.

Principio y fin de un dibujo y de un camino. No puede existir ni principio ni final. Lo que se intenta es siempre afrontar una tarea, no ponerse a realizar un trabajo por muy serio que nos parezca nuestro intento a primera vista.

Buenos o malos caminos, buenos o malos dibujos. Los buenos no lo son porque sean difíciles, sino porque nos entretienen, haciendo que dure un poco más algo nuestro preciado tiempo, mientras que lo van estirando hasta que llegue la muerte. Al final de un dibujo o de un camino siempre nos espera la visión terrible de nuestra propia muerte.

Alguien pasó por ahí, podemos decir en adelante cuando nos encontremos frente a un dibujo o con cualquier camino que se nos ofrezca. Pero nunca podremos decir: nadie pasará o habrá pasado por ahí.