Muchas de sus obras, cargadas de  ironía y sarcasmo, reflejan conceptos como el rechazo, lo doméstico, lo siniestro y lo bello. Estos aspectos definen su obra y son un recurso para hablar de la representación del hombre como construcción social patriarcal que dicta roles y valores condicionados a las diferencias de género e identidad sexual.

Francisco Buenavida es licenciado en Bellas Artes por la Universidad de Sevilla en la Especialidad de Pintura (2003). Su obra ha sido seleccionada en numerosos certámenes como el Premio Nacional de Arte Contemporáneo Ciudad de Utrera (Utrera, 2005 y 1999); el Premio Nacional de Pintura José Arpa (Carmona,Sevilla, 2005 y 2001); el Premio Nacional de Pintura Juan Roldán (El Viso del Alcor, Sevilla, 2005 y 2003, recibiendo en su primera edición el Premio al Artista Novel menor de 28 años); el Certamen de Pintura Grúas Lozano (Sevilla, 2003) o la Muestra de Pintura al Aire Libre Ciudad de Dos Hermanas (Dos Hermanas, Sevilla, 2003, 2002 y 2001, siendo Premio Adquisición en la convocatoria de 2001). Recibió el primer premio del I Certamen Nacional Pintores para la Paz (Fundación Alberto Jiménez Becerril, 2004) y el primer premio en el IV Certamen de Pintura Eduardo Martín (Sevilla, 2003).

Sus  imágenes pertenecen a una realidad subjetiva, donde la violencia explícita es generada por la aptitud de rechazo del varón en su papel de macho dominante. Una realidad no exenta de tópicos, visible al otro lado de un espejo en el que los adjetivos dominante y sumiso, agresor y víctima se invierten al definir conductas representadas por personas y objetos. ¿Qué relación se establece entre la figura del machista y determinados objetos de uso cotidiano?, se pregunta el autor. La materialización de este discurso se ambienta en lo doméstico y se nutre de lo cotidiano, creando así un mensaje más próximo. La ironía, el humor e incluso el sarcasmo son la estrategia elegida para contrarrestar una cruda realidad que se aferra a persistir.

En él, pintura, escultura, obra gráfica, instalación y objetos conformaban un espacio, un campo de batalla repleto de analogías domésticas pobladas de nuevos modelos de masculinidad abiertos a la diversidad, la tolerancia y el respeto.

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