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En pleno verano de 1937 el Partido nazi inauguró dos exposiciones de arte en Múnich. La Gran Exposición de Arte Alemán fue diseñada para mostrar obras que contaban con la aprobación de Hitler: desnudos de rubias esculturales junto con soldados y paisajes idealizados. La segunda exposición, en la misma calle, mostraba la otra cara del arte alemán: moderna, abstracta, no figurativa, calificada por los nazis como degenerada. Esta exposición consistía en obras de arte moderno caóticamente colocadas y acompañadas de etiquetas explicativas ridiculizándolas, exhibiendo el precio desorbitado que las autoridades alemanas anteriores a 1933 habían pagado por ellas, en tanto el pueblo sufría las consecuencias de las ingentes reparaciones de guerra alemanas y de la tremenda crisis de 1929. Diseñado para inflamar a la opinión pública y ponerla en contra del arte moderno, la exposición viajo luego a otras muchas ciudades en Alemania y Austria. En la muestra de “arte degenerado” se incluían alguno de los grandes nombres internacionales como Klee, Kandinsky, Kokotschka, Beckmann,  Nolde y Grosz.

El catálogo de esta exposición explicaba que el objetivo era revelar las metas e intenciones ocultas de este movimiento filosófica, racial y oral, y las fuerzas tóxicas de la corrupción que les motivaban. También se añadía como elemento peyorativo y acusador si eran obras hechas por un judío o  no.

Arte degenerado es la expresión alemana Entartete Kunst, adoptada por el régimen nazi para describir todo el arte moderno y prohibirlo a favor del arte heroico nazi, libre de las influencias judías y bolcheviques. Los artistas degenerados eran sancionados, perseguidos, expulsados de sus cátedras y hasta se les prohibió el producir obras de arte.

Los nazis promovían pinturas y esculturas convencionales y tradicionales y que exaltaban los valores  de raza, pureza, militarismo y obediencia al margen de cualquier manifestación corrupta, es decir, el verdadero ajuste nazi del canon de belleza clásica. Algunos artistas degenerados por los nazis fueron Chagall, Ernst, Klee, Courbet, Nolde, Munch y Kandinsky, así como los estilos dadaístas, cubista, expresionista y fovista.

Tal vez una explicación verosímil del porqué Hitler odiaba tanto el arte moderno pudiera ser la de su pasado como pintor realista antes de convertirse en político. Sus pinturas de edificios y de paisajes fueron desestimadas por la cúpula artística que se decantaba por los modernos estilos. La exhibición de arte degenerado fue el momento en que pudo sacar toda su ira contenida. Incluso había pronunciado un discurso sobre el tema ese mismo verano, diciendo que “las obras de arte que no pueden ser entendidas por sí solas, sino que necesitaban de un libro con instrucciones pretenciosas para justificar su existencia, nunca más le llegarán al pueblo alemán”.  Hitler siempre se obsesionó con vincular un discurso estético con uno político. Hitler reivindicaba el culto a un neoclasicismo germánico llevando hasta la excentricidad rabiosa la idolatría hacia imágenes míticas como la esvástica y toda la parafernalia nazi. El modernismo para él era contrario a los valores nazis, por eso había que purgar el arte degenerado para evitar que se propagase por la sociedad alemana.  Esta muestra atrajo a más de un millón de visitantes. Toda la escenografía de la misma se esforzó

           

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Los nazis quemaron algunas de las obras más tarde, y para muchos de los artistas este fue sólo el principio de los muy difíciles tiempos que estaban por venir. No obstante, para algunos, haber sido vetados por los nazis tuvo un aspecto positivo ya que el valor de estos artistas odiados por los nazis cobró valor ya que  Algunos de los artistas incluidos en la exhibición hoy en día son considerados unos de los grandes del arte moderno.

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en mostrar a los creadores de estas obras como degenerados y débiles mentales, con carencias psíquicas y decadencia moral evidente. Los nazis quemaron algunas de las obras más tarde, y para muchos de los artistas, este fue sólo el principio de los muy difíciles tiempos que estaban por venir.

No obstante, para algunos, haber sido vetados por los nazis tuvo un aspecto positivo ya que el valor de estos artistas odiados por los nazis cobró valor ya que  algunos de los artistas incluidos en la exhibición hoy en día son considerados como los más  grandes del arte moderno.

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