La importancia de la transferencia entre el arte y las demás disciplinas de la cultura se ha intensificado durante las últimas décadas. La incorporación del  mundo del arte y de su mercado a la trama del relato y las nuevas formas de la novela indica una forma de entender y mostrar a un público culto los perfiles profesionales de los diferentes agentes del arte contemporáneo, así como la caracterización del coleccionismo contemporáneo con sus tópicos, lugares comunes y misterios (Encuentros Colecciona 2017).

Especialmente entre la narrativa y las artes plásticas se han producido continuas relaciones de promiscuidad, que tienen lugar desde hace varios siglos. Podemos considerar diferentes incursiones entre ambas disciplinas, como la novela tradicional que toma en el arte motivos y argumentos (Byron, Mann, Kawabata, De Lillo, Sábato, Kerner…), novela experimental o novela ready made, o posmodernista como la que elaboran Ben Lerner, Sophie Calle, Tom McCarthy, Alejandro Zambra, Siri Hustvedt, Houellebecq, W.G. Sebald, Hernández, Orhan Pamuk y Vila-Matas entre otros.
Para estas novelas, la realidad es ficción y la ficción es realidad. La forma es ahora tan importante como el contenido, por ello el collage resulta ser también la forma elegida. Seguidamente contemplamos novelas que por su propia construcción tienden a ser obra de arte en su misma construcción. Calvino, Sciascia, Cortazar, Berger entre otros. Finalmente la narrativa que proviene de la crítica y el periodismo especializado con su propia característica ficcional y carga asertiva que se refiere a una funcionalidad determinada, que no nos ocupa en este artículo.

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Actualmente la fascinación que ejerce el arte contemporáneo sobre todos nosotros es evidente. La curiosidad, la incomprensión, el misterio y la hibridación entre arte, medios de comunicación y revistas “people” hacen que el autor necesite diversos modos de aproximación hacia este mundo. Los escritores hablan de las luces y las sombras del mundillo, la ironía deja paso a la crítica y al intento de prevenir al aficionado sobre determinados elementos que rozan la engañifa y el fraude. Del eruditismo y del núcleo cerrado del entendido al arte como plataforma de exhibición de vanidad y emblema de las relaciones sociales distinguidas y sofisticadas. Queremos entender las reglas del juego y un gran número de novelistas nos las ofrecen desde su peculiar visión.  Cesar Aira se preguntaba por qué existe un enemigo del arte contemporáneo y no de la literatura contemporánea. Por el contrario pensamos que algunos artistas de vanguardia son tan cotizados y sus homólogos de la literatura no ocupan ni los márgenes mínimos de la repercusión pública. Las artes plásticas y la literatura tienen didácticas paralelas, similitudes metodológicas que las hacen muy caras a la convergencia de voluntades. La reflexión entre ambas tiene una larga tradición desde Platón y Aristóteles hasta la necesidad interartística horaciana y humanista de la contaminación entre todas las artes hasta la aparición de Lessing y su especificidad. Hay evidentes muestras de clara analogía entre arte y literatura: ambos como procesos comunicativos de primer nivel que originan constantes préstamos, coincidencias temáticas y la utilización de la sintaxis narrativa de la literatura para explicar las otras artes que con su propio utillaje conceptual resulta mucho más inasible para el aficionado medio. Gran importancia tuvo para involucrar a todos los agentes en estos procesos comunicativos la estética de la recepción, un corpus doctrinal que analiza al lector y público ante la obra de arte. Esta teoría de Jauss, Iser y Weinrich incide en que el público interpreta cada obra con sus diversas motivaciones, bagaje cultural, experiencias u horizontes de expectativas y de experiencias). Se trata de un juego de preguntas y respuestas entre autor, obra y público, en donde el público interviene directamente en la creación del canon, por ejemplo. Es el arte como experiencia estética a partir de procesos de producción, recepción y comunicación. Para Iser el texto solo existe en la medida que es leído de manera que el lector y autor participan en un mismo juego imaginario. Aún así Iser evita caer en la deriva interpretativa y busca en el texto un asidero en la obra. El lector rellena los propios huecos textuales.  Ya lo decía Schopenhauer: Leer es pensar en un cerebro ajeno. Paras Gadamer, la verdad del texto está formada por la sucesión y la tensión de lecturas, es decir, la comprensión viene determinada por los prejuicios de la persona que intenta comprender. Se parte de un bagaje personal hacia lo que no se sabe. En definitiva, la estética d ela recepción supone una ruptura con la crítica tradicional ya que introduce el papel del lector en los postulados teóricos: leer, comprender y dialogar. La novela y el arte definen una nueva forma de recepcionar el producto cultural. El espectador hace el cuadro, al igual que el estilo es el hombre. Cada vez se exige una mayor implicación. Ya no es un receptor pasivo y sabe moverse entre la pluralidad de significados. El espectador como el lector empieza a ver la obra de arte a la manera como lo hace el propio artista. La aportación d elas vanguardias fue clave en esto. Ya no se trata de un genio individual que se apellida ismo, sino una persona creativa que comparte una propuesta y sus posteriores desarrollos.

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En un mundo líquido y por tanto inestable, la revolución electrónica conduce a la desaparición de cualquier principio de autoridad, la libre navegación hace que todos los corpus dogmáticos se transformen en indefinidos y aleatorios, los procesos críticos se democratizan y el artista debe elegir entre la crítica fuente de autoridad tradicional y la repetición masiva de opiniones de las redes sociales. La navegación pasa a ser una metáfora de descubrimiento y conquista, en donde las victorias son pírricas ya que la linealidad es más segura que la lectura textual electrónica por lo que la lectura vehicula nuestra forma de leer, entender y asimilar, si aún es posible. Es el mundo del hipertexto y la emancipación de la mirada ya que empezamos a comportarnos como vagabundos en busca de un godot que no sabemos si acabará apareciendo, es nuestra propia performance visual como proyectadores de retina sobre pantallas y dispositivos.

intento de escapada

La ficción evoluciona y adopta sus propias especificidades. Los novelistas hablan de arte envueltos en tramas dramáticas que aparecen en segundo plano (golpes de estado, terremotos, atentados terroristas…). Muchas de ellas incluyen momentos de prosa ensayística o de crítica literaria dentro de sí como Jorge Carrión en Los muertos.
Además la novela se hace collage: entremezclan su prosa con fotografías y pinturas buscando su efecto de realidad. Algunos lo consiguen, otros acaban en pastiche desorganizado y pretencioso. W. G. Sebald, es un maestro desplegando arte visual como motivo inspiracional narrativo. Además de la inserción de arte propiamente dicho dentro de la novela, muchas de estas ficciones-realidad contienen escenas en museos o en exposiciones de arte contemporáneo. Michel Houellebecq se ensaña con el mundo del arte contemporáneo en El mapa y el territorio. La novela Todo cuanto amé de Siri Hustvedt es una magdalena proustiana. El museo de la inocencia de Orhan Pamuk se convierte en un mapa museístico de Estambul.

El mundo del arte se ha filtrado en el mundo literario de otras formas. La mayoría de las ferias de arte, utilizan a escritores para completar y enriquecer sus programas de actividades. Lo mismo se produce el paso híbrido del novelista al crítico de arte aunque esto trñansita por otros derroteros narrativos diferentes. Los escritores vanguardistas actuales aspiran a ser artistas conceptuales y que sus novelas sean consideradas arte conceptual. Este puede ser el momento duchampiano de la literatura. La novela ready-made pregunta qué es la literatura, y qué debería ser en el futuro. Queremos destacar como estimulante ejemplo de novela de calidad comprometida en la mejor tradición narrativa de equilibrar forma y fondo con una apuesta original y brillante por la temática que aborda es la novela de Leanne Shapton Artefactos Importantes. Se trata de un ejemplo paradigmático de conexión conceptual entre un libro y una exposición de arte contemporáneo, en donde ambas disciplinas se sujetan a través de la fotografía y la recuperación de la memoria a través de los objetos compartidos. Artefactos Importantes (Duomo 2010), cuyo subtítulo deja sin aliento: Artefactos importantes y propiedades personales de la colección de Lenore Doolan y Harold Morris, incluidos libros, ropa y joyas. triunfó en Estados Unidos y Canadá por su planteamiento original y valiente. La novela se construye como un lote de 325 artículos que inmediatamente serán subastados correspondientes a una pareja que acaba de separarse. Dichos objetos aparecen fotografiados y junto a ellos un texto explicativo que es una historia de cada objeto y su relación con los propietarios que en algún momento fue una pareja feliz; una narrativa que cuenta dos historias, la de los objetos y la de los divorciados y su relación con los mismos. Son objetos simbólicos que encierran recuerdos, al modo de Marcel Duchamp o incluso de las gélidas e interminables listas y descripciones de Perec y sus contemporáneos franceses. Todo ello constituye un puzle de palabras y fotos, necesario para que el lector reconstruya la historia completa de la relación entre Doolan y Morris. Nuestra apuesta que aún no ha sido superada por otras preferencias.

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IV Encuentro Colecciona: Arte contemporáneo, creación literaria y reflexión crítica

El pasado día 28 de marzo se celebró en la Fundación Juan March de Madrid uno de los encuentros del programa Colecciona 2017 que dirige Chema de Francisco, en el que se tomó como tema base de diálogo las relaciones entre narrativa de ficción, periodismo y arte contemporáneo. Ante un nutrido número de espectadores, Miguel Ángel Hernández Navarro, profesor de Historia del Arte en la Universidad de Murcia, escritor y crítico de arte,  Javier Diaz Guardiola, periodista y coordinador de las secciones de arte, arquitectura y diseño de ABC Cultural y ABCdeARCO, la revista oficial de la feria de arte contemporáneo de Madrid y Diego Casillas, periodista, gestor cultural y editor de la plataforma de arte contemporáneo Millennialsart.com, charlaron sobre determinados aspectos de esta hibridación y transferencia de las disciplinas anteriormente mencionadas. Los diferentes modos de aproximación de la narrativa novelística y periodística hacia el fenómeno del arte contemporáneo, los límites éticos de la actividad periodística, la creatividad del autor y su responsabilidad ética hacia el lector interesado en el arte y la cultura, los diferentes modos de hacer crítica cultural, la relación entre todos los agentes que componen el mundo del arte contemporáneo y la fascinación e interés por  este mundo que experimenta el aficionado actual, fueron algunos de los temas a tratar por los ponentes y aquellos participantes que asistieron al diálogo y expusieron su punto de vista.

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