Al iniciar la feria y preguntados por las expectativas que tenían bastantes galeristas españoles éstos se mostraban con ciertas reservas pues el descenso de ventas que había experimentado el mercado de arte europeo desde hacía unos años no parecía que iba a terminarse una vez transcurrida esta edición. La mala salud que presagiaban ha tornado en delicada, aunque existen claras muestras de mejora en el enfermo. Las fuerzas se van recuperando y las transacciones han vuelto a impulsarse. Además, la participación, que los organizadores cifran en unos cien mil visitantes, nos hacen ser optimistas sobre el seguimiento y aceptación que entre los aficionados y amantes del arte despierta esta feria. Y siempre nos quedará, si las ventas no llegan de inmediato, diferirlas en eso que los especialistas llaman venta en diferido, es decir, aquellas que se inician en el stand y se cierran en la galería habitual.

Foto: Claudia Roscelli mnn://art TAI #Transformadores

Foto: Claudia Roscelli mnn://art TAI #Transformadores

 

Arco sirve para muchas cosas, para vender, para contactar y establecer relaciones entre los distintos agentes que componen el mercado del arte, para adquirir más visibilidad de la habitual y para consolidar clientes, ese cliente medio tan importante para el mercado galerístico español.

El director de ARCO, Carlos Urroz, ha calificado nada más finalizar la feria de ARCO 2017, como “la mejor de los últimos siete años” y ha señalado que ha tenido más de 100.000 visitantes en los cinco días de duración de la feria. Ha considerado esta edición como la edición de la recuperación en la que se han aumentado las ventas respecto a años precedentes, con compras institucionales que superan el millón de euros, sin contar las posibles compras de patronatos de museos u otras instituciones. Incluso la presencia argentina ha sido muy positiva para el director, obteniendo una buena acogida por la prensa especializada.“Invertir en arte, si compras bien y en un buen sitio, es una muy buena inversión. Y no sólo como una inversión sino algo con lo que convivimos y con lo que seguimos a un artista. Es algo para vivir y disfrutar todos los días, algo que no puedes hacer con otro tipo de inversiones”, ha concluido.

Carlos Urroz. Director de ARCO

Carlos Urroz. Director de ARCO

La naturaleza temática de las obras expuestas en Arco, con respecto a ediciones anteriores parece haberse contenido,  la seriedad de las temáticas se han impuesto a obras más provocativas y arriesgadas. Eso es bueno y es malo, porque la provocación puede llevar a vericuetos de afilada inteligencia o por el contrario al más inane de los vacíos. Este año mucho más centrada en el arte y menos en las ganas de ‘epatar’; con provocaciones más políticas que estéticas. Arco tiene, pues, connotaciones políticas. Tampoco demasiadas, no vayan a creerse. En esta edición prevalecen variables artísticas como  el volumen, el color, las formas más realistas e identificadas.

El nivel de los coleccionistas nacionales e internacionales de esta edición ha sido elevado, algo fundamental para ir adquiriendo más peso y relevancia en el panorama internacional, especialmente en el latinoamericano, una de las cuestiones cenitales que tanto preocupan a los rectores de ARCO. Galeristas foráneos aseguran haber cumplido con sus expectativas, lo que incide en el reconocimiento que dispensan al programa de coleccionistas que se ha llevado a cabo este año. Los galeristas argentinos manifiestan su optimismo por realizar un elevado volumen de ventas desde los primeros días.

Foto: Daniel Dominguez. mnn://art / TAI #Transformadores

Foto: Daniel Dominguez. mnn://art / TAI #Transformadores

Compras institucionales y privadas

En datos facilitados por la organización, figuran las adquiridas por la Fundación ARCO por valor de 145.000 euros, sufragadas con fondos particulares. Las obras adquiridas corresponden a 7 artistas de 7 galerías participantes en esta edición de Arco: Falke Pisano  de Ellen de Bruijne Projects;  Ivan Grilo  de Casa Triángulo; Daniel Steegmann Mangrané  de Esther Schipper;  Sergio Prego  de Ethall;  Von Calhau, Pedro Alfacinha, Gwenneth Boelens ,Klemm’s e Irma Blank  de P420, obras ya en propiedad de  la Colección Fundación ARCO, alojada en el CA2M. El Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía también ha adquirido obras. Han sido un total 18 obras de 12 artistas, por un total de casi 400.000 euros, entre los que destacan  trabajos como los de Eloy Laguardia, Mathias Goeritz, Ferrán García Sevilla, Anna Opermann, y Adriana Bustos.

En cuanto a compradores particulares, Eduardo Costantini ha realizado compras para su colección personal de artistas como  Alejandra Seeber, Marta Boto, Elda Cerrato,  Henrique Farias y Jorge Macchi. DKV Seguros ha comprado obra de Daniel Jacoby, Rosana Antolí , Elena Aitzkoa, Rosa Santos, Jorge Yeregui o Yann Leto  entre otros. Asimismo la Fundación Helga de Alvear ha adquirido piezas de Antoni Tàpies, Barceló y Oteiza. Otras entidades como Banco de Sabadell, Hochschild, MoMa o el Centro de arte de Des Moines han completado sus compras de obras mostradas en Arco. También juegan un papel importante en el patrocinio y compra entidades que desarrollan esa labor a través de premios y distinciones, como la Comunidad de Madrid, Solán de Cabras y Cervezas Alhambra.

Piezas más valiosas económicamente

Este año son varias obras las que han llamado su atención por lo elevado de sus precios. La escultura The red base, se lleva la palma, con más de dos millones y medio de dólares (galería Mayoral, debutantes y que además presentan una serie de cuadros pertenecientes a Calder), a continuación le sigue el lienzo Constructif avec quatre figures,  pintado por Joaquín Torres-García, que se vende por 1,8 millones de euros en la galería Guillermo de Osma.

Los Three Laughing at One de Juan Muñoz, nos reciben nada más pisar uno de los pabellones de Arco, pues penden de la pared del stand de Elvira González. Cuestan 1,5 millones de euros. En Leandro Navarro está  El triunfo de Nautilus, un Dalí en 1940 y que se vende por un millón de euros. No faltan piezas de Miró, Tapies, Saura, Chillida, Picasso, Gris, Chillida y Uslé, entre los españoles, y obras de Ai Weiwei, Murakami, Klee, Masson, Hockney, Lipchitz, Eliasson, entre los extranjeros.

Acompañando a las galerías españolas que suelen venir siempre a esta cita, hay que añadir las dos grandes galerías  foráneas que nos han visitado: Hauser & Wirth y Lisson. Situadas una frente a la otra, exponen Mirror, la esfera de Anish Kapoor, y el cuadro La Maladie de l’Amour, de Bourgeois. Está al lado del cilindro de Horn. Otra pieza que ha dado mucho que hablar.

Obras que nos conmueven y nos interesan

La de Eugenio Merino, de ADN, quien ha apostado por un tema de gran cuestionamiento social. Pasaporte de rescate, es una obra en la que decenas de pasaportes sirios, turcos, libios y jordanos aparecen envueltos en el papel dorado de las mantas térmicas de las ONGs. La Sphere blanche del argentino Julio Le Parc, hecha con cientos de placas acrílicas blancas es magnífica,  el Domo Hexagonal, de Los Carpinteros excelente,  la inquietante Habitación de arquitectura prohibida, de Alicia Francis constituye toda una reflexión en espacio reducido, al igual que las performances de Albert Plá en la instalación del colectivo Mondongo. La telúrica  cabeza de Not Vital o el azul retrato de Martial Raysse firmado por Yves Kein en Cayón, Self portrait as a child, es decir los dos jóvenes de goma estampados en el suelo, de Clemens Krauss. Merecen la pena destacarse Certificado de autenticidad, de Karmelo Bermejo, en Maisterravalbuena, que es una hoja DIN-A4 de plástico transparente firmada con tinta invisible, y la escultura de 3,5 metros de altura de Nicola Constantino La fuente de la vida, inspirada en El Bosco. Nos gusta también el impresionante virtuosismo artesano / tecnológico de Tony Oursler, de Moisés Pérez Albéniz, la instalación de Daniel Canogar para El País, de Manal Aldowayan (Sabrina Amrani) su obra llena de evocadora tristeza y elegancia a partes iguales, los cuadros de Marco Rountree en La Caja Negra y su inteligente manera de ocupar el lienzo con su ágil trazo, los acrílicos de Tony Bevan (Michel Soskine Inc.), la poderosa pintura de Miriam Backström, en Elba Benítez, la ironía y el sarcasmo en las instantáneas de Cristina de Middel, en Aizpuru, las maravillosas piezas Enso de Yturralde (Javier López y Fer Francés) o las fotos de Chiara Fumai que nos increpan con sus textos e imágenes (Rosa Santos), y muchas otras que merecerían figurar en esta lista, dado que hemos aceptado como principio la subjetividad. Y ésta es la nuestra, sin dogmas hegemónicos.

Joseph Kosuth decía  que el arte era decoración costosa y en Arco hay piezas muy caras pero otras óptimas para aquellos que se inician en el coleccionismo, incluido interesantes ediciones bibliófilas para aficionados al arte (nos ha encantado el libro tamaño XXL  de Taschen, con dedicatoria de Hockney y atril incluido por 1600 euros).

A los que coleccionan en Arco, es decir, a los que arriesgan su dinero por qué les gusta el arte, son conscientes que muy posiblemente se  trate de una inversión a largo plazo. Además su riesgo aumenta si apuestan por  autores  jóvenes, que podrían acabar o no convirtiéndose en una gran firma, pero también saben que mucho de lo que se expone en Arco se revalorizará muy poco con el paso del tiempo.  Pero aún así el coleccionismo es un ejercicio de optimismo y en una feria de arte como Arco, meridional y con un final de mes de febrero luminoso y cálido, aún mucho más.

Ha sido una feria serena, sin estridencias ni petardos por las esquinas, muy al estilo Urroz desde que llegó al cargo. Arco es un evento solvente, de gran interés en cuanto a contenidos y continentes, y un acierto a la hora de externalizar los actos por la ciudad de Madrid. Arco se entiende bien y se comprende. Siempre he defendido que la accesibilidad en este tipo de eventos es una virtud y no una carencia. Ya hay demasiada sobreactuación en este mundo tan peculiar. Y además parece que las cifras han acompañado en esta edición, así que mejor que mejor.