50 AÑOS DEL ENCARGO A ROTHKO PARA CREAR LA SIXTINA DEL ARTE CONTEMPORÁNEO

“Mi capacidad de mirar es tal que mis ojos terminarán por consumirse. Y este desgaste de las pupilas será la enfermedad que me llevará a morir. Una noche miraré tan fijamente a la oscuridad que terminaré dentro de ella”

Se cumplen 50 años del encargo del matrimonio De Menil a Mark Rothko para crear la considerada capilla Sixtina del arte contemporáneo. A partir de ese momento comienza a trabajar en el que va a ser su proyecto más ambicioso y colosal: The Houston Chapel, al sur de Estados Unidos, un centro abierto a todas las creencias y religiones, un centro de espiritualidad y meditación inspirado por las pinturas trascendentalistas de Mark Rothko, que será oficialmente fundado por el matrimonio de mecenas de Menil en 1971. El artista recibió el encargo por parte de los De Menil en 1966 y trabajó estrechamente al principio con el renombrado arquitecto Phil Johnson, que luego fue sustituido por Howard Barnstone, más accesible al difícil carácter del artista, para crear la planta octogonal con un espacio central de meditación con luz cenital, alrededor del cual colgaría catorce grandes lienzos.

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La capilla Rothko, como así se la conoce, se ha convertido a lo largo de los años en un foro de discusión sobre libertades civiles, derechos humanos, historia, arte, música y muchos otros temas que llegan a los aspectos más espirituales del hombre moderno. Los De Menil, exiliados a Estados Unidos desde 1942 huyendo de la barbarie nazi, se convertirán en una de las familias de mecenas más importantes de la historia de este país, ya que también auspician la carrera de los por entonces emergentes Barnett Newman, Motherwell, Pollock, Twombly o de Kooning por nombrar a los más conocidos. Los De Menil ponen a disposición de Rothko un cheque de 250.000 dólares, una auténtica fortuna para la época. Su estudio de la calle 157 East tiene más o menos las mismas dimensiones de altura que la propia capilla por lo que se enfrenta en este espacio a las 14 obras de gran formato, tres trípticos y cinco cuadros autónomos. En todos ellos la monocromía y la paleta oscura se va imponiendo. La depresión ya comenzaba a hacerse presente en la realidad del artista de origen ruso. Geometrías y tonos más oscuros, qué llego antes la depresión o la inspiración del genio. El artista dispone en el muro central de la capilla un tríptico marrón claro, monocromo, los otros dos trípticos a derecha e izquierda son negros opacos que parecen ser capaces de rechazar cualquier atisbo de protagonismo de la luz. El resto del espacio los distribuye de forma muy afortunada con los cuadros independientes provocando una sensación mística de recogimiento pero a la vez uno parece sentirse en el centro mismo del cosmos y enfrentarnos con nuestro propio vacío.

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La fama de Rothko y su floreciente asentamiento profesional se produjo en la década de 1950, alcanzando el culmen de su reconocimiento y prosperidad económica en 1961, cuando se celebró una magna exposición de su obra en el MOMA de Nueva York. Progresivamente las exigencias de Rothko como artista aumentaron hasta considerar intolerable la exhibición de su obra en ningún espacio público de naturaleza profana. En 1968, sufrió un accidente cardiovascular que le mermó físicamente y le encerró más en sí mismo. Se suicidó un par de años después, sin tener la oportunidad de ver terminada la Capilla Rothko en Houston. A la inauguración en la ciudad de Houston, asistieron líderes de todas las confesionalidades religiosas. En el discurso de inauguración, Dominic de Menil dijo lo siguiente: “Creo que las pinturas nos dirán a cada uno lo que debemos pensar de ellas si les damos una oportunidad. Toda obra de arte crea el clima en que debe entenderse. A primera vista puede que nos decepcione la falta de atractivo de los cuadros que nos rodean. Pero cuanto más convivo con ellos, más impresionada estoy. Rothko quería conferir a sus pinturas el máximo vigor posible, un vigor que solo consiguió arrancarles el alma. Quería que fueran íntimas e intemporales. Y en verdad son íntimas e intemporales. Nos envuelven sin encerrarnos. Sus superficies oscuras no paralizan la vista. Una superficie clara es activa y, en consecuencia, inmoviliza el ojo. Pero con estas tonalidades rojas y marrones somos capaces de ver más allá, somos capaces de mirar hacia el infinito. Vivimos acribillados por imágenes y sólo el arte abstracto puede conducirnos al umbral de lo divino. Rothko necesitó un gran valor para pintar cuadros negros como la noche. Pero creo que ahí, justamente residía su grandeza. Los pintores sólo llegan a ser insignes gracias al valor y al tesón. Piensen en Rembrandt, en Goya. Piensen en Cezanne….Quizás sean estas las pinturas más bellas que creara Rothko.”

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En el alma de Marcus Rothkovich (1903-1970) había mucho cromatismo o simplemente sufrimiento plasmado en cada una de sus obras. Este “arquitecto abstracto” pertenece a una generación de artistas norteamericanos que cambiaron las características de la pintura abstracta alcanzando la pureza absoluta. “No importa cuántas observaciones se hagan, nunca podrán explicar nuestras pinturas. Su interpretación debe surgir de una profunda vivencia entre cuadro y espectador. La valoración del arte representa una autentica unión de los sentidos. Y, como un matrimonio, también en el arte la consumación es motivo de anulación” afirma el autor.

Mark escribió a sus mecenas De Menil: “La grandiosidad a todos los niveles de la experiencia y de la importancia de la misión que me han confiado, sobrepasa mis ideas originales y me ha enseñado a crecer, a ir más allá de lo que me consideraba capaz. Y les doy las gracias por ello”, mucha modestia pero valentía para afrontar el reto, un desafío que le consagrará como un genio pero que le dejará literalmente exhausto. En la capilla sin ventanas, los oscuros murales reflejan la soledad que experimentó de modo creciente durante los últimos años de su vida. Se nos anuncia el final de sus días con una claridad aterradora en sus últimas obras. Había llegado al fondo, a envolverse de manera total en su pintura, a formar parte de ella. La presencia del artista tiene que desaparecer para que su obra alcance su máxima trascendencia. Mark Rothko se suicidó un año antes de la inauguración de su obra maestra.